miércoles, 11 de mayo de 2011

2011-45: "El Rostro de la Muerte", de Cody McFadyen

Monstruos en el abrevadero


Título: "El Rostro de la Muerte"

Título original: "The Face of Death"

Autor
: Cody McFadyen.

Editorial
: Umbriel.

Año
: 2007 (2009, de la edición en español).

Páginas
: 505.

Género
: Novela negra.


Frase promocional:
"Segunda novela del autor que le dio una nueva dimensión al suspense."


Sinopsis:

La agente especial Smoky Barret está acostumbrada a lidiar con el lado más espantoso del alma humana: ella misma lleva en su cuerpo y en su espíritu horribles cicatrices, resultado de sus encuentros con los asesinos en serie a los que ha dado caza. Pero esta vez se encuentra con un horror envuelto en un enigma: Sarah, una adolescente, aparece empapada en sangre en medio de los cadáveres mutilados de su familia adoptiva. Entre balbuceos, asegura que el extraño los ha matado… y que no es la primera vez que sucede. A medida que trata de acercarse al corazón de la joven, Smoky descubre una historia de increíble crueldad. La historia de una venganza que se remonta a los primeros años de la vida de Sarah, y que incluye la muerte de todos aquellos a los que, en algún momento, la muchacha ha llegado a querer en la vida. Smoky y su equipo del FBI se enfrentan a su peor reto, una mente calculadora y despiadada, un ángel convertido en demonio.

Con El hombre sombra, Cody McFadyen llevó el género del thriller de asesinos en serie más allá de lo que ningún autor se había atrevido a hacer. El rostro de la muerte nos devuelve a su protagonista, Smoky Barret, envuelta en una espiral de tensión que nos obliga a contener el aliento hasta el brutal desenlace.


Puntuación: 3/5

Aunque el género negro no es mi favorito, lo cierto es que soy bastante asidua a este tipo de novelas por un motivo de lo más simple: y es que, en general, se trata de lecturas amenas que cumplen a la perfección esa necesidad básica de entretenimiento que todos sentimos alguna vez. La trama puede ser más o menos compleja, centrarse en la resolución del misterio, en los aspectos judiciales o en los más psicológicos o sociales, pero por lo general se trata de un tipo de literatura que cumple bien el antedicho propósito. Una podría caer en la tentación de decir que su mayor virtud se encuentra, precisamente, en su condición de lectura ligera; pero es que, realmente, la temática propia del género se resiste al uso de tal adjetivo, más aún cuando nos encontramos ante una obra de las características de "El Rostro de la Muerte".

En efecto: "El Rostro de la Muerte" es un buen ejemplo de novela negra en lo que a trama se refiere, con su equipo del FBI, su inteligente asesino en busca de venganza, si bien sus motivaciones no están del todo claras, su puñado de víctimas y su buena dosis de suspense y tormento; no falta acción ni deducción, ni la correspondiente investigación más o menos compleja... Pero si por algo destaca esta novela es por su crueldad: una crueldad que no sólo se puede atribuir a la figura del asesino sino a la del propio autor, quien parece regodearse por momentos en las escenas más descarnadas, y que no sólo martiriza a Sarah, la joven víctima atormentada de turno, sino incluso y sobremanera a su propia heroína, la agente Barret.

Es Smoky Barret un personaje de esos que puede gustar más o menos pero no deja indiferente, si bien puede uno preguntarse hasta que punto resulta creible más allá de un contexto de ficción literaria. Una tía dura e inteligente, tanto en lo puramente cerebral como en lo emocional, con unas vivencias pasadas aún más duras: su marido y su hija fueron víctimas mortales de uno de sus asesinos objetivo; el mismo que la violó en su propia cama y desfiguró su rostro terriblemente, aunque fue otro el que torturó, violó y asesino a su mejor amiga, mientras su hija pequeña lo observaba. Una niña, Bonnie, que constituye a su vez uno de los personajes más interesantes y entrañables de la obra, una clara pincelada de optimismo entre tanta depravación, pues a pesar de haber sido testigo de la muerte de su madre, a cuyo cadáver permaneció amarrada hasta que fue rescatada, lo cual se traduce en una mudez a modo de secuela psicológica, y siendo perfectamente consciente y conocedora de todo lo acontecido a su madre adoptiva (la propia Smoky), da muestras de una percepción, sensibilidad e inteligencia más propias de un adulto curtido que de una niña de diez años.

Y es que si algo caracteriza a los personajes de Cody McFadyen es su condición de supervivientes, empezando por la agente Barret, siguiendo por la otra protagonista fundamental de la historia, Sarah, pero haciendo tal característica extensible a la práctica totalidad de los miembros de la Unidad de Crímenes Violentos de Los Ángeles que Smoky dirige: su amiga Callie, que lleva camino de convertirse en un doctor House adicto a la vicodina como consecuencia de las secuelas de aún otro ataque más de uno de los asesinos que el grupo persigue; Alan, el as de los interrogatorios, que ha visto puesta en peligro por su trabajo la vida de la persona a la que más quiere en el mundo, su mujer, la optimista Elaina (cuyos diálogos en ocasiones rozan los tópicos de la autoayuda), que además lucha contra un cáncer; y James, el misántropo prodigio, que comparte con Smoky su habilidad para introducirse en la mente de los asesinos y llegar a comprenderlos, y cuyo amor al trabajo se deriva, como no podía ser menos, de un trauma del pasado provocado por el asesinato de su hermana.

Lo dicho: crueldad a raudales... a tal punto que uno se pregunta qué es lo que mantiene realmente a todas estas personas en activo, cuando en la propia novela se hace hincapié en ese fenómeno por el cual tantos agentes del FBI y similares se jubilan a una edad temprana. ¿Es que acaso los personajes de McFayden son una suerte de superhombres y supermujeres (sobre todo esto último) y están hechos de una pasta más dura que el resto de los mortales? Es precisamente este aspecto uno de los más discordantes en esta novela de tono un tanto desigual, que no gana en interés hasta bien avanzada la historia, especialmente cuando el autor se permite y nos permite profundizar en la psicología de los personajes, especialmente en la de la propia Smoky, pues no por nada buena parte de la novela está narrada desde el punto de vista de nuestra heroína.

Será así como descubriremos que, a pesar de que su trabajo no la hace feliz, la agente Barret no renuncia porque sabe que es buena en lo qué hace, lo que se traduce en una suerte de obligación moral; pero que no por ello deja de dudar acerca de su propio futuro, pues en realidad se pasa buena parte de la historia sopesando opciones. Un dilema moral más, de entre los que se plantean en una trama que, a pesar de que un primer momento tiende a centrarse casi exclusivamente en lo violento y desagradable, encierra más de lo que parece a simple vista.

La alternancia de puntos de vista, entre la tercera persona elegida por Sarah para distanciarse de su propio pasado, el cual narra en su diario, y la directa primera persona de nuestra narradora principal, la propia Barret, constituye un acierto en gran medida, una vez que uno supera el bache inicial y se habitúa al estilo narrativo de McFadyen, el cual no está libre tampoco de esa irregularidad antes mencionada, si bien la abundancia de diálogo siempre resulta un pro en esta clase de historias, pues facilita en gran medida la comprensión del proceso de investigación tanto como la propia lectura.

En definitiva, pues, una trama interesante aunque por momentos incómoda (no me extraña que alguien haya llegado a decir que el propio Cody McFayden es todo un psicópata en potencia, aunque siempre desde el punto de vista literario y especulativo), que atrapa de forma gradual al lector y mantiene vivo su interés prácticamente en todo momento, incluso a pesar de que el desenlace no sea del todo imprevisible y uno no llegue a estar del todo convencido de la necesidad de tal despliegue de violencia y crueldad. Una historia retorcida de vengaza y supervivencia, con mención especial para algunos de los personajes, pues aunque también estos sean desiguales en su desarrollo, siempre puede uno encontrarse con desconcertantes sorpresas como la peculiar Kirby, la jovial guardaespaldas, ex-asesina, más parecida a una Barbie que a un GIJoe


Mujeres en negro

Es curioso decir esto a las alturas que estamos (siglo XXI y todas esas cosas) pero enfrentada a un personaje como Smoky Barret, la jefa metro y medio de la Unidad de Crímenes Violentos de Los Ángeles, he caído en la cuenta de una cosa: la mayoría de las grandes series de género negro protagonizadas por agentes de la ley tienen toque masculino. Y no hablo, por supuesto, del sexo de su autor, pues ahí están grandes nombres como los de Donna Leon, Patricia Highsmith o la propia Agatha Christie para desmentir tal cosa, sino a la propia cuestión de género de su protagonista principal.

Y es que, en efecto, parémonos a pensar un segundo: dejando a alguna detective que otra aparte, ¿acaso no son casi todas las féminas de ficción más relevantes en el género forenses, psicólogas especialistas en conducta y afines, antes que mujeres de acción en el sentido más puro y literal del término?

* Hay excepciones, por supuesto, como el caso de las novelas de Sara Paretsky, protagonizadas por V.I. Warshavsky, la mujer policía de Chicago. Una serie de novelas que son en la actualidad clásicos del género, y en la que esta autora no sólo ofrece al lector historias bien construidas y potentes, sino que además se adentra precisamente en el tema de la lucha de las mujeres por tener espacio en profesiones donde la masculinidad parece tener la exclusividad, como detective o policía. Y todo ello de la mano de un personaje tan duro como humano, al que guía más el corazón que la cabeza, y el sentido de la justicia y la lucha contra las desigualdades o la defensa de los desfavorecidos mucho más que la necesidad de enfrentarse a asesinos violentos sin mejor motivo o justificación que el hecho de que la violencia vende. Una suerte de Warshavsky contra el mundo...

* Un caso similar a este es el de la comandante de policía de Moscú Anastasia Pávlovna Kaménskaya, alias Nastia, en las novelas de Alexandra Marinina, las cuales destacan sobre todo por su certera visión de una Rusia postsoviética en la que las obras completas de Marx y Lenin han sido sustituidas en las estanterías por libros de economía, finanzas e informática y la mafia, los asesinos a sueldo y las armas sin control han complicado la monotonía del trabajo policial. Una sociedad que ha dado un giro de 180º, donde la élite policíal, antes orgullo del país, ha sido dejada de lado y los abogados y economistas, antes meros burócratas, se han convertido en los amos del cotarro... todo ello expuesto desde un punto de vista aparentemente objetivo, y sin caer en ese tono crítico acerca del pasado del país al que tan proclives son algunos escritores. Por cierto que Marinina es ucraniana, no rusa; y el personaje de la poco agraciada y sufridora Nastia (sus dolores de espalda llegan a ser tan omnipresentes que llegan a resultar cansinos, según parece, a algunos de los lectores de sus seis novelas), tan popular entre sus compatriotas que la televisión rusa ha rodado una serie protagonizada por esta excepcional mujer.

* En España, por supuesto, también tenemos buenas representantes de esta clase de mujeres en negro, como la inspectora de policía Petra Delicado de Alicia Giménez-Bartlett, a la que Ana Belén dió vida en la pequeña pantalla acompañada por Santiago Segura en el papel de su segundo, el subinspector Fermín Garzón; porque, como a todos se nos hace más que evidente, esto de los tándems da mucho juego, si bien es cierto que muchas veces parece que el personaje femenino suele ser el secundario de la pareja, a diferencia de lo que sucede en este caso. Otro ejemplo patrio de tándem policial, sin ir más lejos: Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, insignes miembros literarios de nuestra castiza Guardia Civil creados por Lorenzo Silva, una de cuyas aventuras más conocidas es "El Alquimista Impaciente", si bien estos sesudos agentes de la Ley van ya por su sexta novela.

* Aunque de vida literaria más corta, otro ejemplo con matices de mujeres en el género negro que no se limitan a la especulación es el de la Clarice Starling de "El Silencio de los Corderos" y "Hannibal", de Thomas Harris, personificada en el cine por Jodie Foster y Julianne Moore respectivamente. Un personaje más inolvidable probablemente por tales adaptaciones cinematográficas y por su peculiar relación con la más interesante figura del asesino canibal que por sí misma, sin que por ello deje de ser un buen personaje del género; aunque reconozco que digo lo de con matices porque, en efecto, el interés principal de Clarice como estudiante en la Academia del FBI en sus inicios es precisamente la vertiente psicológica que se centra en el estudio del comportamiento de los asesinos.

* Luego, por supuesto, están los detectives: esos investigadores privados cuya labor, al fin y a la postre, no resulta menos valiosa o interesante por el mero hecho de que su talento sea mercenario; lo cual, por otra parte, hace que sus clientes pertenezcan por lo común a un determinado estrato social que, no obstante, no por más favorecido deja de tener problemas. Y si hablamos de féminas en la profesión, pues al fin y al cabo ese es el tema de hoy, imprescindible sin duda mencionar a la Kinsey Millhone de Sue Grafton y su famoso alfabeto criminal. Una ex-policía, dos veces divorciada, con tendencia a resultar simpática acaso por esa costumbre suya de reconocer a las primeras de cambio que está un poco enamorada de su casero octogenario. Una chica atlética que apenas cuida de su aspecto y se corta el pelo a tijeretazos, adicta a la comida basura y cuyo plato estrella son los bocadillos de pepinillos con manteca de cacahuete... en definitiva, el típico detective desastre en versión femenina: porque algunas cosas nunca cambian, y parece una verdad universalmente aceptada que los lectores simpatizamos más con los personajes imperfectos que con aquellos que de tan idealizados acaban por resultarnos antipáticos por irreales.

* En otras ocasiones, como decíamos, las mujeres protagonistas de novelas de género negro lo son por su condición en cierta forma menos activa, aunque por supuesto no es más que una forma de hablar, de antropólogas forenses; profesión en la que sin duda destacan dos nombres por encima de cualquier otro: el de la ya casi mítica Temperance Brennan de "Bones" (aunque lo suyo sería decir de las novelas de Kathy Reichs) y la no menos famosa en lo literario Kay Scarpetta, creada por Patricia Cornwell. Por supuesto, dejando a un lado lo puramente profesional y el hecho de que ambos personajes destaquen por la meticulosidad en su trabajo, poco tiene que ver la rubia Scarpetta con la fría Brennan, aunque ambas son igual de consistentes como heroínas del género.

* Y luego, por supuesto, están aquellos casos en los que la figura femenina se presenta en principio como mera comparsa de su marido investigador; o, al menos, así han de parecer las cosas de cara a una sociedad en la que las mujeres aún tenían un papel muy concreto, como sucede en las novelas de ambientación victoriana de Anne Perry, ya sean las aventuras del inspector Pitt, muchos de cuyos casos jamás se resolverían sin la ayuda de su aguda esposa Charlotte, o las del inspector Monk y la enfermera Hester. O, más recientemente, y más probablemente por introducir la vertiente familiar que otra cosa, tenemos el caso de Camilla Läckberg y su Erica Falck, esposa del policía Patrick Hedström... Aunque en realidad no me encuentro en condiciones de juzgar el verdadero papel, relevante o no, de este personaje femenino, puesto que en la única novela que me he leído de la escritora sueca lo cierto es que no puede decirse que su participación fuese crucial para la resolución del misterio; pero no sé si puede decirse lo mismo de los anteriores casos de Hedström, si bien este ya cuenta con un equipo de trabajo lo suficientemente amplio como para que tal cosa sea realmente plausible o, en todo caso, necesaria.

¡En fin! Que seguramente me habré dejado una buena cantidad de ejemplos de mujeres más o menos relevantes dentro del género en cuestión, pues al fin y al cabo ya digo que no soy precisamente una experta en el negro literario y cada uno tiene sus propias referencias. Claro que, como de costumbre, tampoco es plan de hacer toda una tesis sobre el tema, por más que ya nos hayamos extendido más que un poquito, y los botones habituales tendrán que servir una vez más de muestra.


Otras obras del autor

"El Rostro de la Muerte" es la segunda novela de Cody McFadyen, quien irrumpió en el mundo literario con su impactante debut "El Hombre Sombra", primera novela de la serie protagonizada por la agente Smoky Barret, que en la actualidad cuenta ya con cuatro títulos, si bien sólo estos dos primeros se encuentran disponible en castellano hasta la fecha. Antes de eso, McFadyen se dedicaba a diseñar páginas web; en la actualidad, reside en California con su mujer, su hija y sus dos perros labradores negros conocidos como "Las Fuerzas Negras de la Destrucción" ('The Black Forces of Destruction'). Bebe ingentes cantidades de café, toca la guitarra bastante mal, lee vorazmente y, según dice en su página web, aborrece los adverbios... y, pensándolo bien, debe ser cierto, porque no abundan en "El Rostro del Mal". ¿A ver si va a ser por eso que su estilo narrativo no me acababa de convencer del todo?

Por cierto que respecto a su primera novela, en la que se introduce al personaje de Smoky Barret, más de una vez me he preguntado a lo largo de la lectura de la que hoy nos ocupa si acaso sería en ésta en la que tenían lugar todas esas vivencias pasadas a las que en "El Rostro de la Muerte" se alude habitualmente: el asesinato de su marido y su hija y su propia mutilación, el asesinato de su mejor amiga y la consecuente tortura de su hija adoptiva, Bonnie, o el acoso a su amiga y compañera Callie (por cierto que su verdadero nombre es Calpurnia), cuya secreta maternidad de juventud es sacada a la luz por el psicópata de turno con devastadoras consecuencias, como no podía ser de otro modo tratándose de un escritor que, como McFadyen, muestra una abierta tendencia a regodearse en lo cruel.

Supongo que, en términos generales, y teniendo en cuenta lo que por ahí se puede leer acerca de la trama de esa primera novela, la respuesta es no: Smoky Barret es un personaje al que conocemos después de la devastación, con mucho recorrido a sus espaldas, y quizá es ahí precisamente donde reside su interés como tal, si bien siempre resulta interesante a su vez conocer el antes y el después, tanto por esa tendencia natural que tenemos los humanos por saber (lo que podríamos llamar simple curiosidad, hablando en plata) como por lo reveladora que suele ser la evolución del personaje y sus reacciones ante semejantes circunstancias.

En efecto, en "El Hombre Sombra" un cuerpo lleno de cicatrices y pesadillas cada noche es todo lo que le queda a Smoky. La mejor jefa de equipo del FBI nunca imaginó que ella también sería una víctima, que una noche un maníaco entraría en su casa y mataría a su marido y su hija. Aunque ella misma acabó con el asesino, ahora sólo le queda una soledad insoportable. Sin embargo, descubre otro buen motivo para vivir: otro psicópata, que se considera a sí mismo descendiente de Jack el destripador, está dejando un reguero de cadáveres. Smoky reúne a su viejo equipo y vuelve a convertirse en una eficaz cazadora. Pero su presa parece saberlo todo sobre ella: escarba en sus secretos más íntimos y saca a la luz recuerdos a los que nadie podría enfrentarse sin perder la cordura...

Por lo que dicen por ahí (siendo 'ahí' la red, por supuesto) una historia que tiene mucho que ver con "El Rostro de la Muerte", tanto en la habilidad de McFadyen para mantener la intriga y el suspense, como por la profusión de escenas truculentas... y hay que recordar que, estando como estamos tan de vuelta de todo hoy en día, cuando todo el mundo insiste en utilizar este término, por algo será. Avisados quedáis, aunque para mí el uso de tal concepto tiene más que ver con la brutalidad y la crueldad del autor para con sus personajes que con lo puramente desagradable o escatológico, todo sea dicho.


Te gustará si te gusta... "El Hipnotista" de Lars Kepler, que en realidad es el pseudónimo que utiliza el matrimonio sueco formado por Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho Ahndoril para publicar sus novelas; y utilizamos el plural porque aunque la que hoy nos sirve de paralelismo fue la primera, recientemente se ha publicado en España su segunda obra, "El Contrato".

"El Hipnotista" es una muy interesante historia de género negro de ésas que no dejan indiferente, y en la que los giros argumentales están perfectamente construidos, de tal forma que las cosas no son lo que parecen en un principio, y lo que empieza como un curioso caso de parricidio, termina convirtiéndose en una historia más de venganza que hunde profundamente sus raíces en el pasado del protagonista, el médico e hipnotizador Erik Maria Bark, a pesar de que en un principio su participación en todo el asunto parece poco menos que puramente circunstancial.

En Estocolmo, una familia es asesinada. El único superviviente de la masacre es Josef, el hijo de la familia que tiene sólo 15 años. También sobrevive Evelyn, su hermana mayor, que se ha salvado porque vive en una casa en el campo. Erik Maria Bark es médico e hipnotizador. La noche del asesinato el comisario Joona Linna, encargado de la investigación, le llama para que someta a Josef a una sesión de hipnotismo en el hospital de Estocolmo, donde está ingresado. Unos días más tarde el hijo de Erik Maria Bark, Benjamin, es secuestrado de su propia cama. Erik emprenderá la búsqueda de su hijo junto a Linna, Simone, su mujer y su suegro Kennet Sträng... Juntos intentarán resolver estos dos misterios...

Lo dicho, una lectura recomendable, especialmente para amantes del género, pero no sólo para estos, por su originalidad, tensión narrativa y habilidad para no dejar indiferente, bien escrita y construida y con personajes interesantes.


El paralelismo final...

Que ya se sabe: no pueden faltar. Y es que ese afán que tiene el malo de la historia por considerarse a sí mismo un artista, siendo Sarah la obra en cuestión, esculpida a su imagen y semejanza, me ha recordado por una simple analogía de conceptos a esa novela de Jonathan Satlofer de revelador título: "El Artista de la Muerte".

“El artista de la muerte” es el apodo que se le ha dado a un asesino en serie que está actuando en la ciudad de Nueva York. Cualquier persona relacionada con el mundo del arte puede convertirse en su nueva víctima. En sus asesinatos recrea cuadros famosos: “La Muerte de Marat” de Jacques-Louis David o “El Desollamiento de Marsias” de Tiziano… Kate Mckinnon, una ex policía convertida ahora en una prestigiosa e importante historiadora de arte, es la encargada de intentar descubrir al asesino. Éste deja mensajes en clave que sólo ella es capaz de descifrar por lo que se da cuenta de que todo este asunto puede estar relacionado directamente con ella...

Del mismo modo, por cierto, que en "El Rostro de la Muerte" el caso está más relacionado con la policía de Los Ángeles de lo que a simple vista puede parecer... y hasta aquí puedo leer, como decían en el "Un, dos, tres..." Así que simplemente diremos, para terminar, que la de Satlofer es una típica novela del género, entretenida pero tampoco especialmente memorable, bastante típica en muchos aspectos aunque al menos mantiene bastante bien las sospechas del lector y sus dudas respecto a la verdadera identidad del asesino.

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Proximamente: "Shogún", de James Clavell.

viernes, 6 de mayo de 2011

2011-44. "Comitiva de Embusteros" de Karen Maitland

M de Mentira. M de Muerte...


Título: "Comitiva de Embusteros. Una novela de la peste"

Título original: "Company of Liars. A Novel of the plague"

Autora: Karen Maitland.

Editorial: Umbriel.

Año: 2008 (2009, de la edición en español).

Páginas: 508.

Género: Novela histórica.

Frase promocional: "Una sensacional variante de Los cuentos de Canterbury." -Kirkus Review

"Una novela que recupera las imágenes, los sonidos y los olores del siglo XIV." -The Times


Sinopsis:

Inglaterra, 1348. La peste hace acto de presencia. En escasas semanas grandes regiones del país quedarán oscurecidas por la sombra de la Muerte Negra, y pueblos y aldeas arderán mientras las campanas repican con ominosos sones de tragedia. Mientras el terror y la sospecha arrasan por doquier, una pequeña banda de extraños viajeros, cada uno con su secreto a cuestas, intenta huir en medio de un país conmocionado. El juglar veneciano Rodrigo y su inseparable aprendiz Jofre. El mago Zophiel, que dice llevar consigo el cadáver disecado de un bebé de sirena. Osmond y su mujer, la embarazada Adela, quienes han sido repudiados por su familia. La misteriosa curandera Pleasance, y Cygnus, contador de historias que nació con un brazo en forma de ala de cisne. Al frente de todos ellos se encuentra Camelot, un vendedor ambulante de reliquias falsas. Y, en la retaguardia, la misteriosa Narigorm, una niña de mirada gélida con el don de conocer el futuro a través de las piedras.

Pero cuando uno de ellos aparece ahorcado, empiezan a sospechar que hay un traidor entre el grupo y que ninguno es realmente quien dice ser. Y entre oscuros presagios, y las inquietantes historias que circulan en los pueblos sobre brujas, vampiros y hombres-lobo, los sobrevivientes de la comitiva tendrán que enfrentarse a dos amenazas mucho más terribles: la Verdad y la Muerte.

Con Comitiva de embusteros, Karen Maitland nos ofrece un retrato prodigioso de la Edad Media, una época de enfermedad y oscurantismo que también estuvo plagada de personajes tan peculiares como entrañables.


Puntuación: 3,5/5


Hay ocasiones en las que, sencillamente, la prosa no fluye. Pero que nadie se alarme, pues hablo de mis propios problemas con esta nueva entrada (ésos que me han llevado a hacer borrón y cuenta nueva... ¡y ya veremos lo que sale!), pero para nada de "Comitiva de Embusteros". Y es que parece que Karen Maitland no sufre de esta clase de males; o, en todo caso, en nada se perciben estos en el resultado final de sus esfuerzos, tan encomiables por lo logrado de la ambientación histórica, rigurosa a la par que instructiva, sin pecar en ningún momento de academicista ni aburrida, como por la amenidad de una propuesta que, en términos generales, bien pudiera encuadrarse sin problemas en el género de novela de aventuras, sin que falte además un plus de toque fantástico.

Y es que también en la novela histórica, como en casi todo, hay tipos y tipos y, por lo mismo, no hay que renunciar al género por eso de que a nosotros no nos guste la Historia... o tal cosa argumentan algunos, sin que vayamos a pararnos hoy en reflexiones pseudofilósoficas, pero no por ello menos acertadas, de ésas que dicen que quién no conoce su propia historia está condenado a repetirla. Y conste que no me estoy refiriendo en este caso al sinfín de subgéneros que uno se puede encontrar dentro del género (aventuras navales o bélicas, cualquiera que sea la guerra en cuestión; de romanos, egipcios, prehistóricas; victorianas, o de la Edad Media con ese papel sin duda predominante de las Cruzadas...), sino a las distintas formas de enfocar la revisión de épocas pretéritas o al uso que de las mismas se hace en la narración.

Así, mientras en algunos casos es ese pasado el verdadero protagonista de la historia, bien sea a través de reconstrucciones más o menos fieles de determinados acontecimientos clave o la aproximación a conocidas figuras históricas, en otros casos la Historia es simplemente un punto de referencia, un marco narrativo que influye en los acontecimientos en la medida en que estos carecerían de contenido o significado sin tener en cuenta la mentalidad o los sucesos del momento, pero que en última instancia se centra en personajes, vivencias, pensamientos o sensaciones, cuando no ya pasiones que, por universales, se hallan al alcance de cualquier lector, independientemente de la época en que éste viva.

Es precisamente en esta última categoría en la que se encuadra la obra de Karen Maitland que, de hecho, llega a calificarse en algunos sitios como novela perteneciente al género fantástico; si bien desde mi punto de vista eso supone simplificar en exceso las cosas, pues si bien es cierto que algo de eso hay, especialmente en el giro final de la trama, "Comitiva de Embusteros" es, por encima de todo, una historia de personajes y suspense que mantiene al lector tan inmerso en su trama que realmente parece difícil creer, llegados a su final, que acabemos de leernos más de quinientas páginas.

Una trama que, en efecto, no tendría el menor sentido prescindiendo de su marco temporal pero que, no obstante, no se centra en el tema de la peste tanto como uno pudiera pensar en un primer momento, sin duda movido a ello por el propio subtítulo de la novela. En todo caso, la continua amenaza de la peste es el motor de acciones y decisiones, no sólo de los propios protagonistas de nuestra historia, sino de las gentes de una época en la que las supersticiones formaban parte de la vida cotidiana, y que tan bien se retrata en "Comitiva de Embusteros".

En cuanto a la propia comitiva que da título al libro, sin duda es una de las piezas claves de esta historia, que funciona en gran medida gracias a la lograda personalidad de un conjunto de tipos humanos tan heterogéneo como fascinante, perfecto retrato una vez más de la época y, por esa misma diversidad, apasionante fuente de conflictos y emociones contrapuestas, pues son precisamente los secretos que guardan cada uno de sus componentes los que mantienen vivo tanto el interés del lector como la propia trama. Y ni siquiera el hecho de que la revelación final se anticipe intencionadamente por parte de la autora, cuando aún quedan unas ciento cincuenta páginas para llegar al desenlace, resta el más mínimo interés a la narración.

En la mejor tradición de la novela de aventuras y suspense, cuando no ya directamente negra, no faltan muertes en esta historia; muertes cuyo misterio se irá resolviendo en mayor o menor grado a medida que pasamos páginas, si bien cada duda resuelta es rápidamente sustituida por nuevas preguntas, consiguiendo así que el ritmo no decaiga en ningún momento.

Así pues, sospechas, secretos, sorpresas y hasta lo sobrenatural; mentiras, misterios, muerte y miedos de toda clase... todo eso y más encontramos en una novela de estilo impecable, en la que lo histórico se combina con lo fantástico sin que falte tampoco lo lírico, en forma de las bellas narraciones con las que algunos de los protagonistas (y no sólo el cuentista o el juglar) enmascaran la verdad de sus propias vidas. Porque, en efecto, las cosas no son siempre lo que parecen; y, en casos como éste, poco de lo que parece, realmente es.


Le Morte Bleue

Y, a pesar de todo lo dicho, ésta también es, en efecto, una novela sobre la peste, pues por más que no se detenga en exceso en los padecimientos propios de la enfermedad, que en realidad no llega a afectar a ninguno de los miembros de nuestra comitiva (son otros sus problemas, y no pocos precisamente), la presencia e influencia de la Gran Plaga en la novela es tan determinante como innegable.

Maitland capta a la perfección la forma en la que la enfermedad afectó a la población, sus formas de vida y costumbres, así como la angustia latente que su presencia imponía de manera continua en la existencia de las gentes de la época, cualquiera que fuera su nacionalidad, religión o condición social, pues por más que inicialmente se creía que la peste era un mal propio de extranjeros o judíos, pronto se vio que ni los rezos ni los ritos supersticiosos inmunizaban contra el democrático mal.

Como la propia autora nos aclara en la nota histórica final, los testimonios de la época difieren en cuanto al momento exacto en el que la peste negra llegó a Gran Bretaña: finales de primavera u otoño, 1348 es, en todo caso, el año clave. Varias ciudades y pueblos reclaman el dudoso honor de ser el primer lugar en el que brotó la epidemia, desde Melcombe, en Dorset, hasta Southhampton y Bristol; si bien es probable que no exista un único punto de entrada y que, al contrario, fueran varios los barcos procedentes de las islas del Canal y Europa que llevasen la enfermedad a varios puertos ingleses con algunas semanas de diferencia.

Aunque en la actualidad nos referimos habitualmente a esta terrible epidemia que asoló Europa en la Edad Media con el nombre de peste negra o simplemente peste, en realidad ninguno de estos términos se usaba en siglos anteriores, siendo conocida en la época como la pestilencia, la gran mortandad o morte bleue, en Francia, por las moraduras en la piel consecuencia de los hematomas subdurales.

Actualmente se cree que fueron tres las plagas que devastaron Europa en 1348, y no una sola: peste bubónica, transmitida por la pulga de la rata y caracterizada por la aparición de bubones, tumores purulentos en las ingles y las axilas, que provoca la muerte en un plazo de entre dos y seis días; peste neumónica, que afecta a los pulmones y se transmite a través de la tos y la respiración, y peste septicémica, en la que la bacteria se introduce en el corriente sanguíneo y provoca la muerte en un día. Hoy se cree que la mayoría de las víctimas de la epidemia que se erige en telón de fondo en "Comitiva de Embusteros" fallecieron de peste neumónica, la más infecciosa, que se contagia directamente entre humanos, aunque otros brotes posteriores bien pudieron ser de peste bubónica.

La peste de 1348 fue tan sólo la última de una serie de catástrofes que afectaron a Gran Bretaña. En el período de 1290 a 1348 se había producido un cambio climático tan rápido y drástico que el Papa ordenó que se rezaran oraciones especiales en las iglesias. Testimonios de la época sostienen que ese año, 1348, fue especialmente nefasto, ya que llovió todos los días entre San Juan y Navidad, tal y como relata también Maitland en su historia. Pensarlo solamente un momento: lluvia desde el 24 de junio hasta el 25 de diciembre, ni más ni menos que seis meses seguidos... De hecho, este cambio climático, que por más que ahora esté tan de moda, y no diré yo que sin motivos, no es en realidad cosa tan nueva, provocó la pérdida de cosechas, la aparición de la duela del hígado de las ovejas y enfermedades mortales entre las reses, además de originar inundaciones generalizadas que prácticamente acabaron con la industria de la sal en la costa inglesa de levante. Todo ello, combinado con una explosión demográfica, conllevó que muriera tanta gente de hambre como por la peste en sí... que además no es que fomentase demasiado las relaciones comerciales, por mor de evitar el contacto con otros seres humanos, posible fuente de contagio.

La Iglesias y otras figuras e instituciones destacadas de la época propusieron múltiples causas distintas para la peste: el castigo divino, aire viciado, desequilibrio de humores, sobrealimentación o los vampiros. Sí, sí: vampiros... y es que la Iglesia consideraba en aquellos tiempos herético no creer en su existencia, al igual que en la de los hombres lobo. También se acusó de la peste a los judíos, como decíamos antes, quienes supuestamente la provocaban envenenando los pozos de agua; y a pesar de que el Papa declaró que ellos no eran los culpables y prohibió que se los asaltara, estos fueron objeto de una persecución encarnizada en lugares como Estrasburgo, donde muchos fueron quemados vivos el día de San Valentín de 1349.

Llevada por la desesperación, la gente probaba cualquier cosa para detener la extensión de la peste, incluida la curiosa costumbre que también se recoge en las páginas de "Comitiva de Embusteros" de las llamadas "bodas de lisiados". Esta practica era muy común en Europa durante la Edad Media y durante muchos siglos continuó siendo una forma de protección contra las epidemias mortales; de hecho, el último caso registrado tuvo lugar en Cracovia (Polonia) a finales del siglo XIX. ¿Que en qué consistía exactamente este rito supersticioso? Dejemos que sea la propia autora la que nos lo explique brevemente por boca de nuestro narrador, el camelista Camelot:

"Había oído hablar de la costumbre de las bodas de tullidos hacía muchos años. Hay quien dice que se remonta a los tiempos en los que los hombres no eran cristianos. Se dice que si se casa entre sí a dos lisiados en el cementerio y a expensas de la comunidad, la boda alejará la ira divina y protegerá al pueblo de cualquier peste o enfermedad que asole los alrededores. Para que el conjuro funcione, todos los habitantes del pueblo tienen que contribuir a la boda con algo." (Pág. 84).


La peste en la literatura

Pero, evidentemente, la peste no ha servido sólo como fuente de inspiración de supersticiones y leyendas de tal índole, sino que también es tema recurrente en el terreno literario. Como de costumbre, lo suyo es recurir a los habituales botones de muestra, si bien no deja de ser paradójico que la novela que lleva precisamente tal título, "La Peste" de Albert Camus, no tenga en realidad por núcleo central la medieval pestilencia histórica, sino que se piensa que la obra está basada en la epidemia de cólera que asoló Orán (Argelia) en 1849, tras la colonización francesa, aunque de hecho la novela se ambienta en el siglo XX.

Algo que, por otra parte, es común en algunas novelas que toman como inspiración la enfermedad, acaso por eso de que, como creo haber mencionado ya alguna vez, pocas cosas asustan tanto como aquello que no se puede controlar, y los virus y afines supuestamente extintos y contra los que no existe cura son un buen ejemplo de ello; pues por más que se tenga la capacidad y conocimientos científicos suficientes como para desarrollar rápidamente una cura, lo fulminante del contagio y la muerte en estos casos (recordemos que un día podía ser suficiente en caso de peste septicémica) sin duda es suficiente para provocar el escalofrío y la desazón.

* Esa hipótesis constituye, precisamente, el punto de partida de "La Plaga" de Ann Benson, una novela en la tradición de Michael Crichton, que combina el tecno-thriller con la historia de forma bastante interesante. La pregunta es: ¿Qué ocurre cuando la peste bubónica, ausente durante tanto tiempo del mundo moderno, reaparece en la sociedad del siglo XXI? Benson ofrece su respuesta a través de dos relatos paralelos: en el siglo XIV, el médico Alejandro Canches se salva de ser ejecutado por realizar una autopsia y en su huida recorre la Europa de la Peste Negra, hasta que finalmente es enviado, contra su voluntad, a la corte de Eduardo III de Inglaterra para combatir la epidemia. En dramático contrapunto contemporáneo, la arqueóloga y médica Janie Crowe llega a la Inglaterra del siglo XXI e involuntariamente provoca la difusión de una mortífera bacteria en un mundo que no está preparado para combatirla. En un futuro en que los antibióticos han perdido toda eficacia y un pasado dominado por el terror, estos dos héroes, muy a su pesar, se ven unidos por la Historia...

Una propuesta quizá no en exceso trascendente, pero sí interesante, en la que destaca la vertiente histórica, mientras que la contemporánea roza por momentos la ciencia ficción en su uso de determinados avances científicos inexistentes hasta la fecha... ¡aunque ya se sabe que estas cosas avanzan que es una barbaridad! Una novela que cuenta con segunda parte de lectura independiente, aunque siempre es recomendable haber leído antes la primera, y en la que la autora continúa con su narración de las vidas paralelas de los protagonistas de ésta: "Ruta de Fuego", donde en este caso la fuente de preocupación será un primo hermano de la peste.

* Aunque, sin duda, si la anterior os parece una propuesta interesante, que lo es, mucho más recomendable será siempre "El Libro del Día del Juicio Final" de Connie Willis... ése que alguien me reprochaba no haber mencionado en su momento, cuando hablábamos de los viajes en el tiempo en la entrada dedicada a "La Hora del Ángel" de Anne Rice. Superior, en efecto, a los best-seller de Ann Benson en todos los aspectos: argumento, estilo narrativo, profundidad en el tratamiento de temas como el miedo a la enfermedad y el sufrimiento... una novela tremendamente amena y adictiva, que no por nada fue considerada como la mejor dentro del campo de la ciencia ficción de 1992, obteniendo los más importantes premios del género ese año: Nebula, Hugo y Locus.

A mediados del siglo XXI, la joven estudiante Kirvin Engle se prepara para hacer un viaje en el tiempo. Junto con otros científicos, pretende recabar información de primera mano sobre una de las épocas más oscuras de la historia de la Humanidad: la Edad Media. Aparentemente, todo ha salido bien. Kirvin se encuentra en una nevada campiña inglesa en pleno siglo XVI. Lo que no sabe es que, en 2054, el técnico que marcó las coordenadas de su viaje ha caído fulminado, presa de una extraña plaga que parece asolar la población de ambos tiempos. La historiadora está atrapada en plena época de la Peste Negra, y su venida es interpretada como un acto de Dios; creen que es un ángel protector llegado del Cielo para evitar el Juicio Final. Lo dicho: aunque yo siga prefiriendo el humor entre victorianos de "Por No Mencionar al Perro", realmente apasionante y recomendable.

* Con menos toques de ciencia ficción o, lo que es lo mismo, más contemporáneas de la enfermedad y por lo tanto novelas históricas, podríamos destacar brevemente "La Máscara", de Diana Norman, de la que ya hablamos en relación con otro de sus temas centrales, la prostitución; o "Un Mundo Sin Fin", de Ken Follett, más conocida por ser la secuela de la archiconocida "Los Pilares de la Tierra"... aunque tengo que decir que yo aún no me he leído esta continuación de la historia, ambientada doscientos años después de aquella (en 1327 para ser más exactos) y protagonizada por los descendientes de sus protagonistas; y en la que, en efecto, la Peste Negra es tema central.

* También de oídas tengo que limitarme a mencionar "El Año de la Peste" de Geraldine Brooks, de la que me ha llamado la atención, en otro orden de cosas, su portada, puesto que es prácticamente un calco de la de "El Cocinero del Dux"... En 1666, cuando la peste llega a un pueblo aislado en la montaña, en una partida de retales contaminados proveniente de Londres, una criada llamada Anna Frith se destaca como una gran heroína y curandera. A través de los ojos de Anna seguimos la historia de la epidemia de peste y cómo los habitantes de Eyam tienen que hacer una terrible elección. Convencidos por un joven vicario deciden aislarse en cuarentena en el pueblo para evitar que se extienda el desastre. Y mientras la muerte llama a la puerta de cada casa, la fe se resquebraja. Los aldeanos abandonan los rezos y las hierbas medicinales para volcarse a la brujería y a la caza de brujas. Anna deberá hacer frente a la muerte en el seno de su familia, a la desintegración de su comunidad y al riesgo de un amor prohibido, mientras lucha por sobrevivir... En principio, una propuesta interesante, en la que se mezclan dos temas tan arquetípicos de la época como lo son la peste y la brujería.


¿Magia y superstición? Ciencia y tradición

Los tiempos cambian: afirmación tan obvia como cierta. No se ven igual las cosas cuando los ojos con que se miran corresponden a épocas diferentes, más aún en una era en la que el conocimiento está tan difundido o, en todo caso, tan a mano de cualquier interesado merced a grandes medios de difusión como la propia internet, que conceptos como el de magia pierden su significado, y por más que uno no se lo explique sabe sin duda que hay truco.

Es por eso mismo que lo que a Zophiel, el mago medieval, le sirve para dar una lección a un Jofre propenso a las apuestas (aunque tratándose de este antipático personaje no es bienintencionada, precisamente, su intención moralizante), a los jóvenes de hoy en día se les puede antojar truco barato que, en todo caso, les permitirá a ellos mismos sacarles unos euros a sus amiguetes. ¿O acaso no lo venden así tantas y tantas veces en "El Hormiguero", donde se explicó ya este truco?

Así pues, ¿cómo metes un huevo en una botella? Ciencia pura y dura, por supuesto. Evidentemente, la anchura del huevo ha de ser mayor que la de la boca de la botella, pues si no la cosa no tendría gracia. Se trata de coger la botella e insertarle fuego dentro, por ejemplo, con una cerilla o con un papel ardiendo. Inmediatamente después se coloca el huevo encima del agujero. El efecto que se consigue es contrario al de la expansión, ya que el oxígeno va quemando el aire y se crea tal vacío que el huevo tiende a entrar a mayor o menor velocidad dependiendo de la rapidez y cantidad de combustión. Y es así porque se crean dos zonas de distinta presión: la de dentro de la botella tiene menos presión que la de fuera, por lo que el aire intentará entrar en ésta por donde pueda. Las paredes de la botella son rígidas, y el huevo es capaz de deformarse, por lo que el aire empujará al huevo dentro de la botella, y al hacerlo, se igualarán las presiones de dentro y de fuera... ¿Se entiende? Más o menos... de todos modos téngase en cuenta que el truco hay que hacerlo con un huevo cocido o, en todo caso y para el que se quiera arriesgar, que haya sido macerado en vinagre para conseguir la necesaria flexibilidad.

Otro ejemplo de cómo cambian los tiempos: "Halloween", o de cómo la moderna costumbre americana va sustituyendo a la tradición de "Todos los Santos" con sus visitas a los cementerios. Aunque, en realidad, la fiesta viene de mucho antes y tenía más de pagana que de religiosa. Sus orígenes se remontan a los celtas, según cuyo calendario el año finalizaba precisamente el día 31 de octubre nuestro y comenzaba en noviembre, el mes de la siembra. Así, la "noche de las ánimas" era el día (¡o la noche!) en el que los espíritus estaban autorizados a abandonar los cementerios y “resucitar”, apoderándose de los cuerpos de los vivos. De manera que la gente adornaba sus casas con símbolos desagradables, como calaveras y huesos, que se supone que debían servir para ahuyentarlos. Hay que tener en cuenta que era el momento en que se aproximaba el invierno y las gentes hacían provisión de alimentos en las casas previendo que la estación daría pocas oportunidades tanto para la caza como para el cultivo, por lo que abundaban por entonces los sacrificios de animales y por lo tanto los huesos y cráneos de los que servirse a este fin.

Con la imposición del cristianismo, la fiesta primero intentó eliminarse y, al no conseguirlo, se reconvirtió en los que hoy conocemos como Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el día de los muertos o de difuntos (2 de noviembre).

Así nos lo cuenta una vez más Camelot de la mano (la de empuñar la pluma) de Maitland:

"La noche de las ánimas, todos los buenos cristianos están en la cama, con la frazada bien ajustada y la cabeza escondida bajo ella, o en la iglesia, buscando refugio en los santos y la oración. Porque dicen que es en esta noche cuando, entre la puesta de sol y el alba, se abren las puertas del purgatorio y los muertos salen sigilosos en forma de sapo, gato, lechuza o murciélago a atormentar a quienes se hayan olvidado de ellos o los hayan desatendido.

La noche de las ánimas, cuando yo era niño, la gente solía depositar guirnaldas, comida y cerveza sobre las tumbas de sus familiares para persuadirlos de que no estaban desatendidos. Pero a los muertos no se los engaña con una sola muestra de recuerdo, y acudían igualmente a las casas, rascaban en las paredes o zarandeaban los postigos. Los niños nos acurrucábamos en la cama y fingíamos no temer nada, pero, temblando bajo las frazadas, escuchábamos atentamente todos los crujidos y graznidos, chirridos y aullidos de esa larga noche, dando gracias por la reconfortante sensación que proporcionaba tener los cuerpos cálidos de los hermanso bien pegados al de uno."


Reflexiones desde el pasado...

* "Somos exiliados de nuestro pasado." (Pág. 51).

* "La gente enferma cuando se dedica a darle vueltas a ideas desagradables, cuando le niega al cuerpo lo que éste desea y hace infeliz a la carne." (Pág. 349).

* "Cortar con el pasado es cortar el único hilo que nos une a este mundo y a nuestro propio ser. Cuando uno corta amarras con su pasado, se separa de sí mismo." (Pág. 440).


Otras obras de la autora

En cierta forma, podría decirse que este "Comitiva de Embusteros" es la segunda novela de Karen Maitland; pero lo que no puede decirse es que sea su segundo libro, pues esta irlandesa de nacimiento, si bien se crió desde las pocas semanas de vida en Malta, es responsable de otros diecisiete libros de no ficción. Del mismo modo, por otra parte, que tras su experiencia con la obra que hoy nos ocupa, que además tiene su origen según cuentan en los dieciocho meses que pasó viviendo en una remota aldea de Nigeria, se puede decir que la escritora se ha aficionado al género de los misterios medievales, en el que se encuadran sus novelas posteriores.

Su primera novela, el thriller 'The White Room', surgió a su vez de las experiencias de Maitland en Irlanda del Norte. Y la verdad es que es de lo más extraño, pero he sido por completo incapaz de encontrar información al respecto en la propia página web de la autora, más allá de una breve mención en su biografía, tan centrada parece estar en sus incursiones medievales.

En cualquier caso, "Comitiva de Embusteros" es la única obra de esta escritora que podemos encontrar traducida al castellano hasta la fecha.


Te gustará si te gusta... Lo cierto es que la referencia a "Los Cuentos de Canterbury" aparece al menos en tres de las menciones a críticas de esta obra que se recogen en la contraportada. ¡Por algo será! Y es que, incluso no habiendo leído el clásico, como es mi caso, es fácil ver los paralelismos con la creación de Chaucer, pues también aquí hay una suerte de peregrinaje y los personajes utilizan cuentos en más de una ocasión para mostrar su personalidad tanto como los hechos encubiertos de su propio pasado.

Aunque para mí la mención de los cuentos de Chaucer evoca otra obra mucho más actual de estructura y planteamiento similares y con la que, por lo mismo, también es posible establecer una analogía, por más que en última instancia estemos hablando de un género completamente diferente como lo es el de la ciencia ficción. Pues sí: hablo de "Hyperion" de Dan Simmons, la primera parte de su tetralogía 'Los Cantos de Hyperion', premio Hugo de 1990, e Ignotus del 91, a la mejor novela en ambos casos; y, por cierto, la primera novela que leí de este autor, uno de mis favoritos y digno de elogio por su innegable habilidad para incursionar en todo tipo de géneros con igual maestría y acierto: terror, fantasía, ciencia ficción, histórica o género negro, nada se le resiste.

En esta primera novela de la serie, y siguiendo como decíamos una estructura muy parecida a la de "Los Cuentos de Canterbury" (peregrinos de distinta edad, profesión o religión y sus respecivas historias en forma de cuentos), Simmons nos presenta un futuro en el que la humanidad ha colonizado docenas de mundos de la galaxia y domina el teletransporte y los viajes espaciales a velocidades hiperlumínicas.

Estamos, de hecho, en el siglo XXVIII, y la humanidad se ha expandido por la Galaxia, abandonando el moribundo planeta Tierra original después de una masiva Hégira. La llamada Hegemonía del Hombre mantiene la paz en una sorprendente pero evolutivamente estanca y acomodada sociedad que forma la Red de Mundos durante los últimos tres siglos, gobernando junto a las misteriosas Inteligencias Artificiales que habitan en el TecnoNúcleo. Pero un peligro inminente amenaza la estabilidad y el statu quo desarrollado por la Hegemonía y las IA.

En el mundo apartado de Hyperion, se encuentran las Tumbas de Tiempo, artefactos enviados desde el futuro lejano que están a punto de abrirse y encierran un terrible secreto relacionado con una sangrienta e imposible criatura que sólo se comunica mediante la muerte, el Alcaudón, o Señor del Dolor, considerado por algunos como una deidad y por otros como avatar de la inminente expiación humana. Así mismo, unos seres exteriores conocidos como éxters, herederos también de la vieja Tierra, han demostrado el mismo interés por este extraño mundo: por alguna extraña razón, todos los grupos de poder del universo conocido desean tomar el control del planeta justo en el momento que se abren las Tumbas de Tiempo. En este contexto, siete personas se dirigen en Hyperion a una última peregrinación a su encuentro con el Alcaudón.

Todos ellos portadores de historias increíbles y temibles secretos, muestran al contar sus historias pinceladas del complejo universo desarrollado por Simmons y una sugerente visión caleidoscópica de una sociedad abocada a una lucha épica por el alma y el destino de la humanidad, a la que tal vez puedan salvar.

La novela recibe su nombre del poema épico inacabado de John Keats "Hyperion" y contiene numerosas referencias a la obra del poeta, incluyendo el nombre de la capital del planeta Hyperion.

Lo dicho: ciencia ficción de la buena, tan original como compleja y el perfecto arranque para una tetralogía que ya forma parte de los anales del género. La historia iniciada en esta novela se completa con la segunda parte de la serie, "La Caída de Hyperion", mientras que la acción de "Endymion" transcurre unos 250 años más tarde, siendo su continuación directa "El Ascenso de Endymion", cuarta y última novela del ciclo.


Y así terminamos...

Cómo, os preguntaréis. Pues con un par de paralelismos más, que tienen mucho que ver con las sensaciones generales que provoca siempre leer una novela del tipo de "Comitiva de Embusteros": ésas en las que las aventuras itinerantes mantienen entretenido al lector y le hacen viajar tantos años como distancia. Las que, en todo caso, aun siendo novela histórica están al alcance de cualquier lector por su amenidad y en las que, como ya he dicho, lo importante son los personajes y sus peripecias más que la Historia (con mayúscula) en sí misma.

* Así pues, el primer título por asociación resulta a mí entender bastante evidente, pues no es otro que "El Médico" de Noah Gordon... del que, una vez más, tengo que decir que ya hemos hablado en este blog con anterioridad; y no es que se me estén acabando las referencias, que también pudiera ser, es que realmente algo tiene que ver el peregrinaje de nuestra comitiva con el del joven Rob J. Cole en compañía del cirujano-barbero con sus espectáculos, y en solitario después, por la Inglaterra medieval, donde aún tenía cabida la magia y la superstición. Pues tampoco en ninguna de estas dos novelas falta un cierto toque fantástico o sobrenatural, ya sea a través de las runas de Narigorm o por medio del útil "don" del bisoño aspirante a médico. Ambas obras son igualmente amenas y se leen con facilidad a pesar de sus dimensiones; aunque, por supuesto, no puede decirse que ambas hayan tenido la misma repercusión, pues el best-seller de Gordon aún lo sigue siendo veinticinco años después de su publicación, y todo parece indicar que hay versión cinematográfica en el horizonte; mientras que la obra de Maitland, a pesar de todas sus virtudes, no está llamada a convertirse en obra de referencia ni subirá a los altares literarios. De hecho, lo confieso: me ha gustado y me he entretenido considerablemente, pero probablemente caerá en el olvido con el tiempo.

* Aún una mención más, y ahora sí que terminamos... pues aunque tengo que decir que esta novela no llegó a impresionarme como puede que en realidad merezca (culpemos a una vida ajetreada y complicada y al consecuente estado de ánimo del momento, tanto como a lo dilatado de su lectura), bien es cierto que enseguida surgió el nombre en mi mente mientras leía "Comitiva de Embusteros". Como de costumbre, salvando las distancias, pero ahí está "La Espada de San Jorge" de David Camus, en la que por cierto no faltan las referencias a las Cruzadas tan típicas del género histórico medieval, si bien con un toque fantástico que permite ofrecer una nueva visión de los tópicos; y en la que, por cierto y una vez más, tampoco faltan peregrinajes que no siempre son santos, en compañía de personajes de lo más dispares y originales.

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Proximamente: "El Rostro de la Muerte", de Cody McFadyen.

domingo, 1 de mayo de 2011

2011-43: "La Hija del Apocalipsis", de Patrick Graham

Rechace imitaciones


Título: "La Hija del Apocalipsis"

Título original:
"L'Apocalypse Selon Marie"

Autor: Patrick Graham.

Editorial: Grijalbo.

Año: 2008 (2010, de la edición en español).

Páginas: 574.

Género: Thriller sobrenatural.



Frase promocional: "Una narración apocalíptica de acción, aventura y fantasía en la que una niña se convierte en la única esperanza para salvar a la humanidad".


Sinopsis:

En Nueva Orleans, Holly, una niña de once años perdida entre una multitud de escombros y refugiados, pide auxilio. Tiene miedo del huracán que arrasa su ciudad, de haber perdido a sus padres y miedo de que algo horrible se haya introducido en su interior: Holly sabe que durante el devastador temporal una mujer moribunda le ha transmitido unos poderes extraordinarios. La niña ha sido elegida para recibir un legado ancestral, protegido hasta ahora por una estirpe de mujeres longevas, que la convierte en el objeto de deseo de un ser tenebroso que amenaza con destruir el mundo.

En la eterna lucha del bien contra el mal, su única ayuda será Marie Parks, una mujer impulsiva y cínica, pero también una de las mejores agentes del FBI. Una investigadora con un don especial: la capacidad de introducirse en la mente de las personas, ya sean víctimas o asesinos.

A partir de ahora ambas mujeres serán la única esperanza de la humanidad...

La hija del apocalipsis es una aventura de ritmo frenético, con un gran componente de fantasía, que supone la confirmación de Patrick Graham, un narrador excepcional capaz de lo más difícil: que la mente se convierta en el arma más devastadora y la memoria en una trampa mortal. Como ya hizo con su primera novela, El evangelio del mal, la imaginación desbordante del autor sorprenderá a todos los lectores al unir con habilidad los mecanismos del thriller de acción y las narraciones fantásticas, y dar así una nueva vuelta de tuerca al género.


Puntuación: 2/5


Sinceramente, lo que más me ha gustado de este libro ha sido su portada. Tanto es así que si tuviese que elegir un sólo adjetivo para describir esta novela creo que sería el de decepcionante. Ni vueltas de tuerca ni zarandajas por el estilo, y lo de imaginativa habría que ponerlo en cuarentena, pues si bien es cierto que "La Hija del Apocalipsis" mezcla elementos muy diversos de forma más o menos coherente, la sensación predominante durante su lectura ha sido la de que todo eso ya lo había leído antes en otra parte; una sensación que por acuciante casi terminó por volverse incómoda, todo sea dicho.

De hecho, tanto me ha irritado este libro que lo primero que he hecho ha sido buscar reseñas de otros lectores para ver si es todo cosa mía, que le he cogido ojeriza vaya usted a saber porqué (nadie dijo que haya que ser racional las veinticuatro horas del día, siete días a la semana), o alguien más compartía mi punto de vista. Por supuesto, y como no podía ser de otro modo, hay opiniones para todos los gustos, pero lo cierto es que me he quedado más tranquila al ver que no todas son tan positivas como la propia sinopsis hace pensar; aunque eso, como siempre, es una simple cuestión de marketing y racionalidad, pues no vas a tirar piedras contra tu propio tejado.

Es evidente, dicho todo lo anterior, que estoy a punto de ponerme bastante crítica, en el sentido más negativo del término. Y, sin embargo, puede que alguien se cuestione entonces el porqué de la puntuación otorgada a "La Hija del Apocalipsis" y si ésta no es contradictoria con lo anterior, pues aunque un 2 no es como para lanzar las campanas al vuelo, tampoco es una auténtica debacle. Pero es que, aunque este libro no sea de mi agrado, lo cierto es que puedo entender que sí sea del gusto de otros lectores, pues no todo es tan malo, y algunas cositas se salvan.

Es un punto a su favor el ritmo narrativo utilizado en la que, sin duda, y más allá de otras etiquetas y géneros, es en última instancia una novela de aventuras: frases cortas, capítulos cortos, mucho diálogo y agilidad en la narración, que sin duda contribuyen a que la lectura sea fácil incluso cuando por momentos el argumento no motive demasiado. Un estilo bastante visual, al que sin duda contribuye el uso del tiempo presente, casi como si se tratara de un guión o una obra de teatro... aunque, ya puestos, tengo que decir que es una forma de contar la historia que a mí personalmente no me agrada tampoco en demasía.

El otro pro que se le puede encontrar a la novela de Patrick Graham es su inicio: una presentación del personaje principal, la agente del FBI Marie Parks, ciertamente efectiva en lo que a suscitar el interés por la protagonista se refiere. El esbozo de un pasado tan complejo como sorprendente e impactante, si bien llega un punto, a medida en que la narración avanza, en que uno tiene la sensación de que ese gran comienzo no ha sido sino una forma de justificar su comportamiento posterior; y es que la señorita Parks/Gardener acaba resultando tan perfecta como guardiana de Holly que hay momentos en los que la cosa casi chirría y uno desea, más que espera, que cometa algún fallo que la humanice.

A partir de aquí, lamentablemente, todo son contras. Y es que el inicio nada o casi nada tiene que ver con lo que viene a continuación, en un hilo argumental predecible y falto de originalidad que decae por momentos en la parte central del libro, quizás excesivamente dilatada, para finalmente resolverse todo con demasiada facilidad dadas las expectativas creadas.

El argumento se sustenta en una serie de tópicos excesivamente manidos y resueltos de forma no precisamente original: la lucha ancestral entre el bien y el mal, encarnados aquí en las Reverendas y sus Guardianes, versus el Destructor de los Mundos, tanto unas como otros reencarnados a lo largo de los siglos, como de costumbre con un toque de lo más místico, aunque al menos hay que agradecer que se prescinda de la vertiente religiosa que tan de moda estuvo no hace mucho tiempo; y la existencia de una epidemia que amenaza con provocar la extinción de toda la raza humana. La esperanza del mundo: una niña con poderes y una agente del FBI. Lo cual hace inevitable que una se maraville ante las cosas tan diferentes que se pueden conseguir con elementos comunes, pues la premisa principal de "La Hija del Apocalipsis" sin duda recuerda claramente a "El Pasaje" de Justin Cronin; pero donde ésta termina siendo una historia de supervivencia y suspense de lo más solvente, la obra de Graham no es más que una historia mediocre de buenos contra malos, amenizada con exagerados episodios de violencia, un poquito de ciencia y un mucho de superpoderes más vistos que el tebeo (achicharrar a los malos a lo Cíclope, o el famoso toque mental que hace que los sugestionados sangren por la nariz... por no hablar de los ejércitos a control remoto de mendigos poseídos).

En cuanto a los personajes son tan unidimensionales, huecos y faltos de personalidad, que apenas generan la empatía necesaria por parte del lector para que éste se interese realmente por su suerte; como ya hemos dicho, sólo se salva Marie, y no en todo momento. El arqueólogo, Walls, es un personaje completamente carente de interés en su conjunto, y su relación amorosa con la agente del FBI tan previsible como falta de fundamento. Ni siquiera Holly ha conseguido captar mi interés ni despertar mis simpatías, pues su evolución como personaje es excesivamente estereotipada y, como al resto, le falta mucha profundidad.

En resumidas cuentas, yo diría que algo falla cuando llega un punto durante la lectura en el que te da por pensar que, si toda la Humanidad sucumbiera ante la plaga, por lo menos se acabaría la historia, y no sientes ni la menor punzada de remordimiento o lástima porque eso suponga la muerte de todos y cada uno de los personajes, por cuyo destino se supone que tan preocupado deberías estar.


Un toque de ciencia...

En determinado momento de la historia, Graham se nos pone científico y, todo hay que decirlo, ofrece ideas y perspectivas interesantes en relación con el problema que se plantea en la novela para el futuro de la Humanidad; sin embargo, lo elaborado de sus explicaciones, lógicas a la par que perfectamente comprensibles para cualquier lector, lo cual es de agradecer, se diluye en el conjunto ante la simplicidad de la solución propuesta, claramente evidente para todos desde el principio y que, por lo mismo, plantea lo prescindible de ese momento científico y su verdadero propósito. Y es que todo es tan fantástico en última instancia en esta historia, que tal parece que la pincelada de ciencia sólo está ahí para complacer a algunos y hacer que las cosas parezcan más reales, si es que ese adjetivo tiene algún sentido llegados a ese punto. Aunque a lo mejor simplemente se trata de explotar el temor tan racional que todos sentimos cuando hay virus y enfermedades de por medio, más aún si se utilizan conceptos que no nos resultan ni nuevos ni ajenos.

Tal es el caso del concepto de extinciones malthusianas, que hace referencia a la teoría demográfica de Thomas Malthus según la cual se preveía un aumento en progresión geométrica o exponencial de la población que, enfrentado al aumento aritmético de los recursos disponibles (en aquella época se hablaba de producción agrícola fundamentalmente, puesto que la teoría apareció en 1789, y no se tenía en cuenta el factor tecnológico), causaría una situación de pauperización y economía de subsistencia que podría desembocar, finalmente, en la extinción de la especie humana. Malthus la pronosticaba para 1880. Aunque, como resulta evidente, la predicción falló, el malthusianismo sigue vigente y el término de extinción o catástrofe malthusiana se utiliza para describir situaciones críticas que pueden hacer inviable o muy dificultosa la supervivencia de la población humana si persiste su crecimiento.

Malthus, como es bien sabido, teorizaba que esta catástrofe sólo se podría evitar con contracepción y otros métodos parecidos, que vendrían a unirse así a otros obstáculos represivos como las guerras, las pestes o el hambre. Sin embargo, existen otras vertientes de esta teoría y otras perspectivas de las denominadas extinciones malthusianas y, de hecho, la que se plantea en "La Hija del Apocalipsis" es notable por su alusión a la paradoja que supondría la limitación de la concepción.

Efectivamente, plantea el científico de turno lo que en última instancia supondría la longenvidad extrema de la raza humana (concepto con el que se juega en gran medida en esta novela): el agotamiento genético, el fin de la adaptación y de la evolución de la especie y, en consecuencia, la desaparición de nuestra condición de seres sexuados. Y esto es así porque la vida necesita de la muerte para renovarse. En las sociedades modernas, y debido al uso cada vez más generalizado de todo tipo de medicamentos tanto como por un rechazo a la muerte, las poblaciones envejecen y se reproducen cada vez menos. La esterilización del entorno conlleva asociada una multiplicación de toda clase de alergias en las nuevas generaciones, a la par que de las bacterias resistentes y las infecciones mortales que da lugar tanto a un aumento de la esperanza de vida de los más ricos como a un empobrecimiento de la transmisión genética, con la consecuente reducción de la resistencia de las generaciones futuras a las menores modificaciones ambientales.

Ciertamente, una teoría interesante, si bien no sé hasta que punto peca de excesivamente catastrofista o ignora otros factores atenuantes importantes, tal y como hiciera el propio Malthus en su día. Aunque si uno piensa precisamente en la proliferación de alergías entre los niños hoy en día (ni os imagináis la cantidad de ellos que son alérgicos al huevo, el pescado, los frutos secos, los lácteos, por poner únicamente el ejemplo de las relacionadas con la alimentación... que digo yo que si las generaciones pasadas hubieran sido tan delicadas, lo hubieran tenido crudo en épocas de hambruna), lo cierto es que la cosa no parece tan improbable.


...y un toque de falacia.

Algo que me ha molestado profundamente de Patrick Graham, aunque no estoy segura de si la culpa es toda suya, si el traductor tiene parte en ello o si soy yo misma la que no encuentra lo que busca, es el uso que el escritor hace del término "síndrome del pez rojo" para referirse a la clase de autismo que sufre uno de los personajes: concretamente, el que aquí y ahora encarna el Mal. En "La Hija del Apocalipsis" se describe el síndrome en los siguientes términos:

"Se caracterizaba por una sensación de vivir siempre tras los gruesos cristales de un acuario y percibir el mundo a través de ellos. Pero lo peor de ese síndrome era la sensación, muy presente en el enfermo, de que ese acuario era él mismo y de que los cristales eran su propia piel, sus ojos, sus dedos. Ninguna sensación tactil, ninguna impresión corporal, ni frío ni calor, ninguna comprensión sensible de las cosas que lo rodeaban. Los olores reducidos a su expresión más simple; el sabor de los alimentos invariablemente el mismo; los objetos que tocaba sin mirar semejantes a plástico fofo. Nada, excepto el dolor. Un dolor muy atenuado que le permitía soportar grados de sufrimiento impensables para el común de los mortales."

Y yo, en mi ingenuidad, dije: '¡Vaya, qué interesante!' Así que cual no sería mi sorpresa cuando, al buscar más información sobre el tema, descubro que en realidad lo que se conoce como "síndrome del pez rojo" nada tiene que ver con todo lo anterior, y ni siquiera está mínimamente relacionado con el autismo. ¡Bueno! Por supuesto que el concepto hace referencia a la sensación de sentirse observado como si se estuviese en un acuario de cristal, pero por todo lo que yo he podido averiguar al respecto el concepto se utiliza en relación con la contraposición paradójica que se establece entre el derecho a la intimidad del individuo y la vigilancia y control de sus movimientos y relaciones para garantizar, en principio, su derecho a la protección.

Así pues, estaríamos hablando de sociología más que de psicología, y de un síndrome que habla de la transparencia de la vida de los individuos que, controlados por medio de sus tarjetas de créditos, operaciones en red, ficheros de datos, etcétera, tendrían la sensación de que nada en su vida es realmente privado: de que nada escapa al ojo del "Gran Hermano", parafraseando a Orwell en esa gran novela distópica que es "1984".

Al menos, y hablando de síndromes, Graham utiliza con propiedad el término de "síndrome mediúmnico reaccional". ¿Que qué es eso? Pues según se insinúa al principio de la novela, aunque todo acaba resultando tan enrevesado y retorcido que la cosa no queda finalmente clara, lo que padece Marie Parks después de un terrible accidente en el que murieron (supuestamente) sus (supuestos) marido e hija. Y, en última instancia, la explicación a esos flashes precognitivos (aunque tampoco me ha quedado del todo claro si las escenas que percibe son siempre de futuro) que la agente del FBI sufre ocasionalmente y que tan útiles son para alguien que como ella se dedica a perseguir asesinos itinerantes. Pues sí: por si aún no lo había dicho, también nuestra heroína tiene "poderes", aunque bien cierto es que, infalibilidad aparte, uno casi llega a olvidarlo, acaso porque los suyos son más bien del tipo pasivo, especialmente si se compara con la capacidad destructiva del resto.

En cuanto al síndrome en cuestión, se trata de una rara enfermedad que sólo se observa en algunas personas con politraumatismos craneales, como resultado de las secuelas de una conmoción suficientemente severa para alterar la estructura mental profunda. Como si dicha conmoción activara una región del cerebro que no debería haberse puesto nunca a funcionar, una de esas áreas sepultadas de las que la evolución humana se ha desentendido por razones misteriosas, o más bien una de esas zonas muertas que no estaba previsto utilizar antes de que pasaran miles de años.

Convulsionado por el traumatismo, el cerebro cae en un coma profundo para intentar reconstruirse. Activa una a una las conexiones cerebrales interrumpidas. Una neurona para el color verde, una para el color marrón, una para la palabra hoja... Así, poco a poco, las regiones cerebrales de la palabra, la comprensión y de la memoria establecen la corriente. Pero a veces esas conexiones nuevas se establecen por error en algunas zonas prohibidas del cerebro: las que doblan cucharillas sin contacto manual, hacen girar mesas, captan pensamientos de otras personas y establecen comunicación con los muertos... como en el caso de Marie.


La cita del día: un poco de razón entre tanta acción.

"Los recuerdos son algo extraño. Dejan de lado los acontecimientos importantes para centrarse en detalles insignificantes." (Pág. 107)


Otras obras del autor

Cuando fui a la biblioteca a buscar "La Hija del Apocalipsis" me sorprendió en un primer momento mi incapacidad para encontrarlo en las estanterías a pesar de estar disponible. Por supuesto, el error era mío y tan tonto como, hasta cierto punto, justificable. Y es que con ese nombre, Patrick Graham, me dirigí directamente y sin pensarlo a la sección de literatura en lengua inglesa; pero resulta que no: nuestro hombre es francés y ni siquiera se llama así, sino que se trata de un pseudónimo, quien sabe si para hacer más fácil la venta de sus libros en otros mercados. Algo que, pensando mal, podría explicar también el hecho de que su historia esté ambientada en los Estados Unidos de América; aunque tampoco es que se lo reproche, pues yo soy la primera que reconozco la fascinación, por llamarla de algún modo, que tal país y cultura suscita como escenario para todo tipo de historias.

Sea cual sea, pues, su verdadero nombre, Patrick Graham es Licenciado en Psicología y especializado en Criminología. Además, es consultor internacional y, debido a su trabajo, alguien próximo al Vaticano, lo que lo convierte en un buen conocedor de Los Legionarios de Cristo y los exorcismos. Tiene residencia en París, Roma y Nueva York. "La Hija del Apocalipsis" es su segunda novela, siendo la primera "El Evangelio del Mal" ('L'Evangile selon Satan'), precisamente una de esas novelas que combinan el thriller con lo religioso que tan de moda parecieron estar no hace mucho tiempo, especialmente a raíz del éxito (para mí inmerecido, no me canso de repetirlo) cosechado por "El Código Da Vinci".

Los asesinatos, en el siglo XIV, de unas monjas consagradas al estudio de los libros prohibidos por la Iglesia y los de cuatro jóvenes camareras en la actualidad presentan sobrecogedoras coincidencias. Todo apunta al evangelio de Satán, un libro maldito desaparecido hace más de seis siglos y que podría poner el poder de la Iglesia en manos de los mismísimos adoradores del Diablo. En una investigación que los lleva desde las montañas rocosas en Estados Unidos hasta un convento en Bolzano, Italia, y la biblioteca secreta del Vaticano, una agente del FBI y un exorcista buscarán el evangelio, ignorando que quizá se estén enfrentando al mismo Diablo.

Cabe destacar de esta primera novela su protagonista en común con la segunda, la agente especial del FBI Marie Parks, así como el hecho de que, por lo que yo he podido leer por ahí, es la favorita hasta la fecha de los seguidores del autor, que unánimemente la consideran mejor que "La Hija del Apocalipsis". Considero que no está de más saberlo aunque, francamente, no creo probable que llegue a leerme "El Evangelio del Mal", tanto por mi pobre opinión de nuestra novela protagonista del día como por mi escaso interés (saturación, diría yo) por su temática.


No te gustará si no te gusta... Sí, ya sé que normalmente esto funciona a la inversa, pero realmente me parece importante hacer esta puntualización para que nadie se lleve a engaño: si no te gusta Stephen King no te gustará "La Hija del Apocalipsis"... aunque, por supuesto, puede gustarte como a mí y no encontrarle la gracia igualmente a la novela de Patrick Graham.

Y es que en gran medida este libro es una mezcla de "Apocalipsis", "Ojos de Fuego" (sustituyase si se desea este título por "Carrie" o incluso "El Resplandor": niños con poderes, en definitiva) y lo místico u onírico de "La Torre Oscura", sin que falten tampoco paralelismos con otras tantas obras del de Maine como puede ser su más reciente "La Cúpula". Y, no sé, podéis llamarme intransigente, pero lo que en King hubiera tenido un pase, pues al fin y al cabo se trata en cierta forma de su mundo y su imaginería, a mí en Graham acaba por parecerme una simple copia barata... de ahí el rechace imitaciones que encabeza esta reseña.

En definitiva: si no estás por la labor de aceptar el componente fantástico y sobrenatural, y lo que buscas es más bien lo catastrófico o el suspense, no leas "La Hija del Apocalipsis", pues por más que hasta yo misma la haya calificado como novela de acción, tal elemento es clave para el argumento y sin él nada tendría sentido.


Te gustará si te gusta... una de paralelismos

Si algo me molesta es no haber sido capaz de dar con el título, que a mí se me antoja que en alguna parte tiene que estar, del libro que mi subconsciente me dice que se parece peligrosamente a "La Hija del Apocalipsis" en lo que a argumento se refiere... aunque bien pudiera ser que eso sea sólo una mera impresión, y que mi mente se haya limitado a coger elementos de aquí y de allá para componer esa historia fantasma que se me resiste. Porque, en efecto, y no me canso de repetirlo, esta novela me suena a cosa leída.

En cualquier caso, hay una serie de referencias que me parece oportuno incluir aquí, más por una cuestión de tipología o temática general que por semejanzas excesivamente acusadas pero que, en cualqueir caso, pueden gustar a quien disfrute con la novela de Graham; y tal vez a la inversa, pues en su mayoría no se encuentran entre mis favoritos, aunque en general me parecen mejores que su creación sobrenatural.

* Un primer referente inmediato, acaso por el estilo ágil de la narración, pero bastante mediocre en su conjunto, así como por el componente sobrenatural con raíces en el pasado cuando no en el mito, son algunas de las creaciones de ese tándem abonado a la etiqueta de best-seller: el compuesto por Douglas Preston y Lincoln Child. Por si alguien lo duda, no hablo precisamente de su serie protagonizada por Pendergast, que sin ser una obra maestra es bastante aceptable, sino más bien de sus primeras novelas, tipo "El Ídolo Perdido" o "El Relicario".

* "Quimaira", de Valerio Massimo Manfredi, resulta entretenida, pero tampoco es de lo mejor del italiano, que nunca brilla tanto como en sus novelas de ambientación histórica. Fabrizio Castellani, un joven y brillante arqueólogo, llega al museo de la ciudad toscana de Volterra para descifrar el secreto que esconde una famosa estatua etrusca. Esa misma noche se inicia una serie de muertes horrendas que parecen estar relacionadas con un escalofriantee crimen cometido en la Antigüedad. Castellani se convierte entonces en un detective del pasado y del presente que deberá enfrentarse a una misteriosa maldición etrusca que retorna de tiempos remotos. Posiblemente este título figura en esta lista de referencias por la importancia de la maldición y del componente fantástico que también tiene su origen en el pasado, del mismo modo que en "La Hija del Apocalipsis" la orden de las Reverendas y sus Guardianes y su némesis, el Destructor de los Mundos, son representaciones del Bien y el Mal (así, con mayúsculas) que perviven desde tiempos inmemoriales.

* Algo parecido podría decirse de "Atlántida", de Javier Negrete: que es precisamente el componente de la reencarnación, por llamarlo de algún modo, lo que determina el paralelismo; también el hecho de tratarse, principalmente, de una novela de acción y aventuras, aunque bastante más imaginativa y original que la de Graham en su conjunto, por más que en ella predomine también lo fantástico y tampoco sea de mis favoritas; y es que, efectivamente, lo que empieza casi como una historia más de catástrofes (volcanes que entran en erupción por todo el mundo) termina convirtiéndose en algo puramente fantástico, con titanes reencarnados y un puñado de elegidos para salvar a la Humanidad.

* Por último, creo hasta cierto punto inevitable volver a hablar en este blog del "Angelology" de Danielle Trussoni, especialmente por tratarse de una de esas novelas en las que se escenifica la lucha entre el Bien y el Mal, incluyendo cierto toque místico, sin dejar de ser por ello una novela de aventuras; aunque, una vez más, tengo que decir que esta novela me parece bastante mejor que la de Graham, y más que digna si se tiene en cuenta su temática. Por una vez, el toque religioso acompaña a la acción, pero no llega a saturar ni se pierde en misticismos excesivos, además de presentar un planteamiento más original de lo que suele ser común en este tipo de historias. Aunque, por supuesto, hay que estar en disposición de aceptar el toque fantástico, en forma de ángeles en este caso, o la cosa no funcionará.

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Proximamente: "Comitiva de Embusteros", de Karen Maitland.