lunes, 23 de mayo de 2011

2011-48. "Chico de Ojos Azules" de Joanne Harris

Otra clase de 'blogs'...

Título
: "Chico de Ojos Azules"

Título original: "blueeyedboy"

Autora: Joanne Harris.

Editorial: Duomo.

Año: 2010 (2011 de la edición en español).

Páginas: 421.

Género: Narrativa contemporánea.

Frase promocional: "Una novela ingeniosa que atrapa, seduce." -Daily Express.


Sinopsis:

Una madre viuda. Tres hijos. Tres colores. Negro, marrón y azul. Negro es agresivo. Marrón es tímido. Azul, el menor, es el niño de mamá. Y además, un asesino.

B.B. tiene cuarenta y dos años, vive con su madre y trabaja como empleado de la limpieza en un hospital. Todos sus amigos son virtuales y su lugar de encuentro es un foro de Internet. Allí comparte una común afición por lo siniestro y los relatos violentos que a veces parecen confundir la ficción con la realidad. Y es que B.B. necesita contar una historia: la suya. Un pasado de rivalidades y mentiras en el seno de una inquietante familia.


Puntuación: 4/5

"Érase una vez una viuda con tres hijos cuyos nombres eran Negro, Marrón y Azul. Negro, el mayor, era taciturno y agresivo. Marrón, el de en medio, era tímido y tonto. Sin embargo, la madre prefería a Azul. Y era un asesino."

Llamadme quisquillosa, pero para mí hay una diferencia, acaso no sustancial pero tampoco pequeña, entre el "Chico de Ojos Azules" de nuestra versión y el "chicodeojosazules" traducción literal del original. De acuerdo en que ambos títulos, unidos a que su autora sea una Joanne Harris más que conocida por su particular estilo, próximo a una suerte de realismo mágico no exento de cierto romanticismo, pueden inducir igualmente a la equivocación, y hacer creer al poco informado (la simple lectura de la intrigante sinopsis es suficiente para considerarse excluido de tal categoría) que se encuentra ante una novela del estilo de sus predecesoras; algo con tintes más rosas que negros, si seguimos el ejemplo de la escritora y recurrimos al color para explicar los hechos de la vida.

Así pues, el error es justificable para el que se guíe sólo por el título que, como ya he dicho, debería haber sido "chicodeojosazules", así, sin espacios y con minúsculas. Y es que, al fin y al cabo, nuestro narrador es virtual, y su nombre, un nick, pues en esta caleidóscopica historia en la que las cosas no son lo que parecen, y donde ficción y realidad se entremezclan de muchas más formas de las que el lector es capaz de imaginar, a tal punto que resulta difícil distinguir lo real de su reflejo en este elaborado juego de espejos, internet se convierte en nuestra cuarta dimensión, anfitriona y escenario de los acontecimientos narrados.

En efecto, el libro se estructura en forma de entradas que su protagonista, B.B., realiza en su diario en la página web badguysrock, el peculiar hogar virtual de ciertos marginados de la más diversa índole, sin que tampoco llegue a estar del todo claro qué es lo que les une, más allá de su afición a los malvados o los violentos... o tal se les presupone. Unas entradas que se dividen entre los comentarios de acceso público, relatos teóricamente ficticios en los que chicodeojosazules se revela como un asesino en potencia, imaginario o real, y aquellos otros de índole privada y acceso restringido en que B.B. ofrece la versión supuestamente real de lo que acontece en su vida, al tiempo que dibuja un pasado tan inquietante como desconcertante.

La propia Joanne Harris compara este "Chico de Ojos Azules", en su nota final de agradecimientos, a un cubo de Rubik; ciertamente, el símil es de lo más acertado. Esta novela es en muchos aspectos un puro juego de ingenio, un gran acertijo que atrapa, inquieta y no decepciona, y en la que la trama gira y gira hasta componer la figura final, en un desenlace que no sólo no deja indiferente sino que casi perturba el ánimo del lector; todo ello sin que falte lo que yo llamo un "momento Sexto Sentido": uno de esos instantes en los que una simple palabra te hace replantearte todo lo que has leído hasta el momento y no puedes dejar de sorprenderte de la habilidad de la autora para llevarte por dónde quiere, incluso cuando, como en este caso, eres consciente de que gran parte de lo que se te cuenta no es sino una cortina de humo tras la que ocultar la verdad.

Cubo de Rubik, además, porque en esta historia, como en el clásico juguete, hay muchas caras y muchos colores: muchas versiones de los hechos y dos narradores enfrentados en una suerte de inquietante partida de ajedrez, con sus diferentes visiones de una realidad que, como decíamos, se entremezcla en todo momento con la ficción haciendo difícil separar una de otra. Colores que se identifican, a su vez, con personajes fuera de lo común: Negro, Marrón y Azul, por supuesto, pero también Blanco y Verde, que serán claves para el desarrollo de la historia.

Y a todo esto, os estaréis preguntando: pero, ¿de qué va esa historia? No quiero ser aguafiestas, pero para saberlo, lo mejor es leer "Chico de Ojos Azules". Una novela negra, si hay que elegir un color, con personajes que se mueven entre lo ordinario y lo extraordinario; una historia sobre una mujer, sus tres hijos y lo que sucede cuando sus caminos se cruzan con los de otras personas ordinarias o extraordinarias. Más de una muerte, mucho mundo virtual y, por encima de todo, lo crudo de la realidad en el seno de una familia disfuncional.

"Y hasta aquí puedo leer...", como dirían en aquel famoso concurso televisivo; el resto, es cosa de que lo leías vosotros, y os dejéis seducir por una Joanne Harris que nada tiene que ver en el fondo con la de "Chocolate", pero que, aún así, atrapa como siempre e inquieta como nunca.


¿Sinestésico o sinesteta?

Siempre había pensado que el término correcto era sinestésico, por más que en "Chico de Ojos Azules" se los llame sinestetas, pero no es mi intención darle vueltas a asunto tan baladí, menos aún cuando el propio concepto resulta tan interesante que hace que perder el tiempo en discusiones hueras resulte doblemente absurdo. Obviamente, no me siento tan fascinada por las palabras como la autora y sus personajes, muchos de cuyos juegos de doble significado, por cierto, exigen de un trabajo extra de los traductores a pie de página, pues resultan imposibles de traducir al castellano.

Y es que esta novela, a pesar de todo lo dicho y de la diferencia evidente con el resto de obras anteriores de la autora, puede considerarse también en cierto modo como una novela de los sentidos: el gusto, el olfato, la vista, el oído... Harris juega con los sabores, los olores, los colores y hasta el sonido de una forma tan sutil como original, todo ello de la mano de unos personajes que se vuelven extraordinarios por obra y gracia de la sinestesia, de forma que los que no ven escuchan los colores y otros huelen y saborean las palabras con una abrumadora intensidad que casi traspasa las páginas.

¿Qué es la sinestesia? Empecemos con un juego, ya que ésa parece ser, en cierto modo, la palabra del día...

Esta imagen se usa en un test para demostrar que el ser humano no asigna los nombres a los objetos arbitrariamente:

Imagine que una persona remota llama a una de estas dos formas Booba y a la otra Kiki. ¿Cuál es cuál? La respuesta, al final de esta entrada...

Pues bien: sinestesia... Evidentemente, no estamos hablando de tropos literarios, de esos a los que Juan Ramón Jiménez era tan aficionado, aunque probablemente tal figura es la explicación de que todos estemos más o menos familiarizados con el término. La sinestesia (del griego συν, 'junto', y αισθησία, 'sensación') es, no sólo en retórica y estilística, sino también en neurología, la mezcla de varios sentidos. Un sinestésico puede, por ejemplo, oír colores (como uno de los personajes de la novela), ver sonidos, y percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. No es que lo asocie o tenga la sensación de sentirlo: lo siente realmente... hecho éste que se revelará también clave en "Chico de Ojos Azules" para uno de nuestros protagonistas.

Los sinestésicos perciben con frecuencia correspondencias entre tonos de color, de sonidos e intensidades de los sabores de forma involuntaria; por ejemplo, tocar una superficie más suave les puede hacer sentir un sabor más dulce. Estas experiencias no son metafóricas o meras asociaciones sino percepciones, y la depresión tiende a aumentar su fuerza. Otro ejemplo, asociar el color amarillo al número 7. Algunos ven colores cuando escuchan música, otros pueden sentir el sabor de las palabras (las dos principales formas de sinestesia de nuestros dos grandes protagonsitas, por cierto). Otras personas pueden percibir la letra A de color rojo, la S de color amarillo y la Z de color negro.

Científicos de la Universidad de California sostienen que sus descubrimientos apoyan la idea de que la sinestesia se debe a una activación cruzada de áreas adyacentes del cerebro que procesan diferente informaciones sensoriales. Este cruce podría explicarse por una falla en la conexión de los nervios entre las distintas áreas cuando el cerebro se desarrolla en el interior del útero.

La sinestesia puede ocurrir incluso cuando uno de los sentidos está dañado. Por ejemplo, una persona que puede ver colores cuando oye palabras puede seguir percibiendo estos colores aunque pierda la visión durante su vida. Este fenómeno recibe también el nombre de "colores marcianos", término que se originó tras un caso de un sinestético que nació parcialmente daltónico pero decía ver colores 'alienígenas', que era incapaz de ver en el sentido habitual del término y que en realidad percibía debido a su sinestesia.

La primera descripción de este fenómeno la realizó el Doctor G.T.L Sachs en 1812. Se da con más frecuencia entre los autistas, aunque también se ha asociado con algunos tipos de epilepsia, si bien su forma más accesible, pasajera e inducida, que no permanente o innnata, es como efecto común de algunas drogas psicodélicas, como el LSD, la mescalina o algunos hongos tropicales.Aunque no se considera un fenómeno frecuente, lo cierto es que hoy en día algunos científicos han sugerido que es 88 veces más común de lo que se suponía y que es posible que el fenómeno ocurra en una de cada 100 personas. Una causa de la diferencia en estas estadísticas es que los sinestésicos no suelen reconocer que la mayoría de la gente no tiene esa capacidad. El tipo de sinestesia en el cual las personas ven colores cuando oyen o leen letras y números es el más frecuente, hasta 1% de personas. Otras personas saborean sonidos y colores, pero en conjunto es difícil describir las capacidades de los sinestésicos porque hay muchas clases.

Algunos sinestésicos son extraordinarios y poseen una profunda sensibilidad musical, pues pueden distinguir e identificar sonidos que, a nivel consciente, no son fácilmente percibidos por otros humanos "normales" lo cual muchas personas suelen relacionar con el 'oído absoluto'. La creatividad es otra característica de estas personas. Actualmente se realizan investigaciones con personas en gran parte del mundo y se ha descubierto que también poseen excelente memoria y poder de recordar hechos, aunque las capacidades extraordinarias no son una condición común a todos los sinestésicos.

En cualquier caso, es este un don (creo que no es incorrecto llamarlo así, pues al fin y al cabo la sinestesia mejorada se considera un superpoder propio de algunos superhéroes, valga la super-redundancia) que resulta mucho más fácil de entender tras la lectura de la novela protagonista del día, pues es magistralmente descrito por Joanne Harris en su narración, y utilizado con no menos habilidad para dar forma a unos personajes difíciles de olvidar, que no sienten como los demás.


Banda sonora...

Se ve que Joanne Harris y yo tenemos algo en común: ambas compartimos la idea de lo importante que puede ser la música como medio narrativo; y no ya sólo en el sentido más habitual de lo que es una banda sonora, como sonido de fondo que crea ambiente o evoca sensaciones, sino incluso en un sentido más literal, en el que es el propio significado de las letras, la palabra más que el sonido, lo que aporta relevancia a la aportación musical. Después de todo, hay canciones para todos los gustos también en lo que a temática se refiere...

De este modo, cada uno de los comentarios que chicodeojosazules realiza en su diario virtual, ya sean públicos o restringidos, van acompañados en su encabezamiento, además de por la fecha y hora, por un estado de ánimo (por cierto que no los había visto nunca tan variados, por más que lo de caústico o vitriólico no es algo que una vea muy a menudo) y por un "estoy escuchando..." que nos permite conocer de los gustos musicales de nuestro protagonista. Si bien, desde mi punto de vista, y como decía hace un momento, la selección musical de Harris para B.B. tiene más que ver con el propio contenido de las entradas en su blog y de la propia historia que con cualquier otra cosa.

Así, si en lo básico puede decirse que a nuestro chico le gustan los clásicos (David Bowie, Mark Knopfler, Genesis, Pink Floyd, Queen...) sin que falte alguna pincelada má actual (Green Day, Jarvis Cocker, Radiohead o My Chemical Romance), lo cierto es que lo verdaderamente relevante son los títulos de las canciones elegidas en cada momento, que se adaptan como un guante al contenido del comentario de turno; de tal forma que no es difícil adivinar de qué nos va a hablar nuestro virtual narrador cuando escucha 'Big Brother' de Hazel O'Connor, 'Mama' de los MCR, 'True Colors' de Cindy Lauper o 'A Rose For Emily' de The Zombies...

Aunque si hay una influencia musical a destacar en esta novela de Joanne Harris es sin duda la de Voltaire, un músico cubano popular en la escena gótica al que la escritora incluye, incluso, en su ronda final de agradecimientos. Reconocido artista de animación y cómics, además de profesor de artes en la School of Visual Arts de Nueva York, su música tiene fuertes raíces tanto en el folk europeo como en la música gótica, a pesar de lo cual, o acaso por eso mismo, muchos oyentes la consideran difícil de clasificar. Muchos la llaman darkwave, aunque también ha sido vinculada con el término cabaret gótico. Otro genero mas con el que se le ha asociado es con el New Wave, pero Voltaire describe su música de esta forma: "Música para un universo paralelo donde la electricidad nunca fue inventada y Morrisey es la reina de Inglaterra". Sus influencias según él son Rasputina, Morrisey, Tom Waits, Cab Calloway y Danny Elfman... pero en estas cosas, como en casi todo, lo mejore es escuchar y después juzgar por uno mismo.

Por mi parte, soy especialmente partidaria del uso de la música como forma narrativa, si bien también yo tiendo más a lo literal que a la mera banda sonora. Quizá por eso soy fan de 'Glee', que es uno de los mejores ejemplos de que existen canciones para casi cualquier tema y momento, y de que no sólo los clásicos tienen mensaje, sino que incluso las canciones populares o que más suenan por la radio pueden ser "buena música"... entre comillas por eso de que para gustos, los colores. La serie perfecta para los que de buen grado harían de su vida un musical.

En cuanto a la relación menos prolífica entre música y literatura, destaca el ejemplo de dos títulos que, a su modo, han sido ya protagonistas en este blog: "Morir a los 27", de Joseph Gelinek, en el que los capítulos llevan por título nombres de canciones más o menos conocidas, cuya verdadera naturaleza se desglosa en un epílogo final (y que, según he leído, pueden escucharse además en la página de Facebook del autor); y "El Traje del Muerto" de Joe Hill (aún lectura pendiente, no se me olvida), que contaba con su propio disco de banda sonora, con piezas seleccionadas por el autor (canciones de Ramones, Black Sabbath, Motorhead, Velvet Underground…) y una presentación del crítico Santi Alcanda en la versión patria.

Otros dos ejemplos: Ruiz Zafón publicó una edición especial de "La Sombra del Viento" acompañada de un disco en el que sonaban composiciones suyas; y, meses después de la salida de "Una Música Constante", de Vikram Seth, el sello Decca publicó también un disco que recoge los temas que interpretan los miembros del cuarteto y la pianista que protagonizan el libro.


Conociendo a chicodeojosazules

* "La mayoria de la gente opta por la elección más común. Siempre piden vainilla. La vainilla define a los buenos chicos, igual que la Coca-cola. Su conciencia está tan blanca como sus dientes perfectos; todos son altos, están bronceados y son presentabls. Comen en McDonald's, sacan la basura, tienen un postgrado y nunca disparan a un hombre por la espalda.

Sin embargo, los chicos malo tienen mil sabores. Los chicos malos mienten, engañan y aceleran los corazones... O a veces hacen que se detengan de repente." (Pág. 19).

* "Llamadme romántico, si queréis, pero yo sí creo en el crimen perfecto. Como el amor verdadero, es sólo cuestión de tiempo y paciencia, de tener fe, de no perder la esperanza,
de carpea el diem, de aprovechar el día..." (Pág. 25).

* "La inocencia, como la virginidad, es algo que sólo puede perderse una vez, y su desaparición no le deja ninguna sensación de pérdida, sino que tan sólo se queda levemente maravillado de que, después de todo, se tratara de algo tan nimio." (Pág. 114).

* "El acto de comer hace que un hombre parezca extrañamente inofensivo; depone todas sus armas con un único propósito." (Pág. 252).

Otras obras de la autora

Diría que, a pesar de ser una autora bastante conocida entre el gran público, especialmente merced a su novela "Chocolat", y sobre todo gracias a la adaptación cinematográfica de este título, pues lo cierto es que no creo que en el fondo muchos sepan siquiera que la historia continúa en "Zapatos de Caramelo"... diría, pues, que Joanne Harris es una autora de la que ni siquiera los que seguimos su obra más allá de tales títulos, si bien sin llegar a ser grandes aficionados, conocemos en demasía.

Y lo digo porque parece que para muchos, entre los que acaso también me encontraba yo hasta la lectura de este "Chico de Ojos Azules", Harris parece no ser más que la escritora de esas novelas de los sentidos, inspiradas en una suerte de realismo mágico, con toque culinario; a tal punto que incluso he visto que en algunos sitios se la etiqueta sin reparos como escritora gastronómica. En mi descargo diré que tal impresión se debe a la propia naturaleza de las novelas de esta mujer que yo había leído hasta la fecha: no sólo las dos mencionadas con anterioridad, y sobre las que no entraremos en más detalles pues ya lo hicimos en otro momento (en la entrada dedicada a "El Cocinero del Dux", si mal no recuerdo), sino también "Cinco Cuartos de Naranja" (en la que su protagonista, de mágico y evocador nombre Framboise, revisita su niñez a través de unos recuerdos que afloran con intensidad cuando vuelve a su pueblo natal en la campiña francesa y abre un coqueto restaurante que adquiere gran notoriedad gracias a las recetas de un cuaderno heredado de su madre) y "Vino Mágico" (la historia narrada por una botella de vino de un escritor con bloqueo cuya vida cambia completamente al hacer realidad un viejo sueño: comprar una casa en el Sur de Francia, con su viñedo y todo).

Y, sin embargo, con poco más que echar un vistazo a sus últimos títulos he descubierto que existe otra Harris, y que el giro hacia lo negro y contemporáneo no parecer ser una novedad, como en algunos lugares parecen insinuar al hablar de la novela que hoy nos ocupa. Buen ejemplo de ello parece ser su título anterior, "Juego de Caballeros", clasificada como una historia de misterio y suspense. En el prestigioso colegio St. Oswald (que, por cierto, también aparece en "Chico de Ojos Azules") en el norte de Inglaterra, acaba de inaugurarse el nuevo curso escolar. Un curso que va a ser especial, ya que las rancias y adormecidas aulas se han visto inundadas de aires de cambio gracias a la incorporación de muchos avances tecnológicos. Los profesores, que siempre habían ejercido su oficio de la forma más tradicional, deberán olvidar los antiguos métodos para adaptarse a los tiempos. Es una renovación que a algunos, como el viejo profesor de latín Roy Straitley, les viene grande. Straitley se siente marginado, no sabe utilizar un ordenador y quizá tenga que plantearse la jubilación, aunque St. Oswald lo haya significado todo en su vida.

Pero no será esto lo único que perturbe el ambiente escolar. Bajo las pequeñas rivalidades y discusiones triviales que se dan cada día subyace algo mucho más peligroso: un rencor amargo y profundo, que ha permanecido oculto durante trece años y que está a punto de estallar. Sin quererlo, el profesor Straitley va a ser el detonante y la primera víctima. Porque lo que había comenzado como una broma pesada iba a abrir las puertas al pasado… y a la muerte. ¡No tiene mala pinta! Y, después de ver de lo que esta mujer es capaz en términos de tensión narrativa y giros inesperados, lo cierto es que siento bastante curiosidad.


Te gustará si te gusta...
Donna Tartt.
Una escritora poco conocida en nuestro país, pero maestra en el arte del suspense, capaz de escribir esa clase de libros de los que uno es incapaz de despegarse desde el mismo momento en que estos llegan a sus manos y sus ojos caen sobre la primera palabra de la primera línea de la primera página... si bien es cierto que sus finales no suelen ser tan deslumbrantes como sus principios.

Su primera novela, "El Secreto", que en su momento lució etiqueta de best-seller, es la historia de cinco estudiantes universitarios, fascinados por un profesor carismático y esnob, que ahondan en los misterios de la cultura griega antigua. Sin embargo, cegados por su propia arrogancia intelectual y moral, cometerán un crimen casi involuntario y, a continuación, se verán obligados a concebir y ejecutar un acto aún más terrible... Una novela apasionante de engaños y complicidades, de culpas y responsabilidades, imprescindible para los amantes de las historias de intriga y especialmente memorable por la perenne sensación de desasosiego que provoca su lectura.

Su segunda novela, "Un Juego de Niños" (no se puede decir que esta mujer sea muy prolífica, pues dedica ocho o diez años por libro), está ambientada en el “profundo Sur” de los Estados Unidos, y comparte con la anterior su condición de novela con tintes negros... si bien lo cierto es que no todo es lo que parce, y el que se acerce a este libro movido por tal consideración puede llevarse alguna decepción. Los Cleve son una familia que conoció tiempos mejores y ahora venida a menos a la que le encanta narrar historias de ellos mismos en las que pueden “olvidar lo que no querían recordar y exagerar o alterar lo que no podían olvidar”. La única historia que nunca se cuenta es la de la muerte del pequeño Robin, de nueve años, asesinado en el jardín de su casa durante una celebración familiar. Esta muerte provoca el desmoronamiento de su familia: la madre es incapaz de superar la tragedia y vive en una especie de letargo que provoca la huida del padre, deseoso de olvidar y seguir viviendo. La hermana mayor, que tenía cuatro años entonces y es la única que pudo ver algo al encontrarse en el jardín en ese momento, se ha convertido en una adolescente apocada, dulce e introvertida. Sólo la hermana pequeña, que era un bebé cuando su hermano murió, parece estar interesada en conocer detalles de ese crimen no resuelto. Orgullosa, inteligente e inconformista, se propone descubrir quién mató a Robin, enfrentándose para ello al silencio que los adultos han tejido en torno al misterioso asesinato de su idealizado hermano. Personalmente, y sin recordar mucho, pues me la leí hará unos siete u ocho años, no me parece una mala novela, aunque hay mucha gente que la encuentra decepcionante...


Y ahora, la solución a nuestro juego sinestésico:

Del 95% al 98% de la gente le asigna el nombre Kiki a la figura angular naranja y Booba a la figura redondeada violeta.

Se piensa que esto tiene implicaciones en el desarrollo del lenguaje; es decir, que el mecanismo de poner nombres a los objetos no es totalmente arbitrario. Otra explicación sería que la forma redondeada suele recibir el nombre de Booba porque los labios forman una figura redondeada para producir el sonido. En cambio, los labios forman una figura más angulosa al pronunciar Kiki. Además, el sonido de las K es más forzado que el de las B.

Por otra parte, en el alfabeto latino, las letras B, o y a tienen una forma más redondeada que K e i y varios investigadores cuestionan la validez del experimento, ya que la mayoría de entrevistados se ven naturalemente condicionados por su conocimiento previo de la grafía de dicho alfabeto.

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Proximamente: "Extrañas Apariencias" de Daniel Waters.


jueves, 19 de mayo de 2011

2011-47. "Sombras y Luces" de Jonathan Rabb

Una novela de cine... negro


Título: "Sombras y Luces"

Título original: "Shadow and Light"

Autor: Jonathan Raab.

Editorial: Ediciones B.

Año: 2009.

Páginas: 395.

Género: Novela negra de ambientación histórica (Berlín, 1927).

Frase promocional: "Un apasionante y cinematográfico misterio en el Berlín de entreguerras."


Sinopsis:

A finales de los años veinte, el cine alemán supera en calidad a cualquier otro. Los actores y los directores reciben el apoyo incondicional del Estado, que financia los mejores estudios del mundo: los de la UFA. Berlín vive una época dominada por el esplendor del expresionismo y una agitada vida nocturna, mientras el nazismo asciende al amparo de una durísima crisis económica.

En este apasionante contexto, un importante productor de cine perteneciente a la familia Thyssen aparece muerto. Con la ayuda del mítico director de cine Fritz Lang (que se recupera del fracaso de Metrópolis) y de Alby Primm, el líder del mayor sindicato del crimen berlinés, el detective Nikolai Hoffner se sumergirá en las cloacas de la decadente República de Weimar. En la investigación hallará misteriosas actrices que aspiran a convertirse en las nuevas Greta Garbo, productores con oscuros intereses y un desenlace inesperado, que influirá decisivamente en el futuro de Europa.

En Sombras y Luces, Jonathan Raab demuestra una vez más su maestría a la hora de conjugar la Historia documentada al detalle con una fascinante capacidad narrativa.


Puntuación: 3,5/5


De oca a oca... y a comentar, que es lo que toca. O, dicho de otro modo, del Japón Feudal de 1600 a la Alemania de Weimar de 1927, y de la novela histórica de aventuras a la negra de ambientación histórica. Aunque, y por eso de que el orden de los factores no altera el producto, bien podríamos hablar de novela histórica de género negro, pues, efectivamente, "Sombras y Luces" es de esa clase de novelas de solida estructura, amenas y bien escritas en las que la base real es mucho mayor de lo que uno puede pensar en un primer momento, si bien reconozco que he necesitado de la nota final del autor para caer en la cuenta de lo obvio.

Y es que, a qué negarlo, y dejando a un lado el hecho de que no soy ninguna experta en Historia, lo cierto es que la época en la que se ambienta esta apasionante intriga, la Alemania de entreguerras, no es precisamente un período con el que esté en exceso familiarizada, más allá de ciertos aspectos generales y, como no podía ser de otra forma, principalmente como escenario o ambientación de la acción de otras novelas o películas. Acaso también porque, cuando se habla de Alemania en el siglo XX dentro del contexto histórico, lo más común es ir a parar siempre al mismo punto: el Tercer Reich, el nazismo, la Segunda Guerra Mundial, Hitler, los campos de concentración... aunque también, si bien quizá en menor medida, la Gran Guerra e incluso la época de la Guerra Fría y el Berlín dividido en dos por el Muro. Todos ellos grandes escenarios para toda clase de historias, especialmente si lo que se busca es un componente de acción bélica y espionaje, pero también cuando de lo que se trata es de remover conciencias y de recordar eso de que olvidar la Historia es estar condenado a repetirla.

No faltan en la novela de Rabb ninguno de esos ingredientes, por más que la acción sea post y pre-bélica, viéndose enriquecido además el guiso final por los elementos propios de un Berlín que se debate entre el renacer y la decadencia, donde los efectos de la crisis originada por el Tratado de Versalles y las obligadas indemnizaciones de guerra se contraponen a una desenfrenada vida nocturna y donde, por encima de todo, y de forma ominosa pero implacable, se abre camino el monstruo futuro del nazismo y su persecución a los judíos.

En este escenario es donde se desarrolla la investigación de lo que en principio podría haber sido un caso de suicidio, acaso un asesinato, en una trama de progresiva complejidad que encierra mucho más de lo que a simple vista parece; un misterio muy cinematográfico, tanto por la presencia de algunas figuras relevantes del séptimo arte como Fritz Lang (por cierto que su importancia para la historia, si bien clave, se exagera un poquito en la sinopsis) o Peter Lorre y el papel vital de la UFA en el caso, como por la naturaleza del verdadero objeto de deseo de los implicados en el mismo, que gira en gran medida en torno a la histórica batalla, más que carrera, por conseguir los primeros el logro del cine sonoro, cuyas implicaciones propagandísticas son también parte importante de tal lucha.

Y para descubrir el misterio dentro del misterio, y las motivaciones ocultas detrás de lo aparente, ningún maestro de ceremonias mejor que el kripo Nikolai Hoffner, el perfecto héroe anti-héroe. De lengua casi tan afilada como su ingenio, nuestro protagonista es uno de esos personajes que destacan por su carisma y personalidad tanto como por su humanidad. Hijo de madre rusa (de ahí el nombre) y judía, para más señas; viudo a consecuencia de su trabajo; padre de un hijo que hace algo más que flirtear con el nazismo y al que hace ocho años que no ve, y de otro más que a sus dieciseis años se nos revela como digno sucesor de su padre en lo que a agudeza y encanto se refiere (de mis personajes favoritos) y que se ve involucrado en el caso por su trabajo en la UFA, Hoffner está lejos de ser a pesar de sus cualidades el policía perfecto, y lo veremos equivocarse más de una vez a lo largo de las páginas de esta novela, en las que también conoceremos de su amistad con oscuros criminales y sus problemas con las mujeres.

Porque, por supuesto, no podía faltar en esta historia una mujer fatal, en la mejor tradición de las historias de género negro ambientadas en los años veinte... y así nuestro Marlowe o Spade particular se ve acompañado en su periplo por la enigmática Leni, una americana que trabaja para la Metro Goldwin Mayer, si bien la auténtica naturaleza de su trabajo es un tanto confusa, sino ya oscura, pues en esta novela, y haciendo honor a su título, ciertamente hay tantas sombras como luces.

Otro buen personaje en un buen libro en el que estos se caracterizan por su solidez, si bien quizá su rasgo más destacable es la viveza y agilidad de sus diálogos, al servicio de una historia tan amena como profunda y que, ciertamente, rinde honor al género negro en todas sus vertientes. En definitiva, la perfecta combinación de Historia y misterio en una trama que respeta en todo momento la inteligencia de sus lectores no poniéndoles las cosas excesivamente fáciles, y que mantiene el interés con sus giros argumentales, hasta llegar a un desenlace tan inesperado como impactante... que, por una vez, no le llevaremos la contraria a quien haya escrito la sinopsis.


Fritz Lang: vida y obra

Claro homenaje al cine como es en gran medida este "Sombras y Luces", si bien es posible que tal cosa sea algo circunstancial, tan importante era la industria cinematográfica en la Alemania de la época, a tal punto que la UFA era la verdadera y única competidora de Hollywood en Europa, no faltan las referencias al género en esta novela: "El Cantor de Jazz" de Al Jolson, la aventura americana de Ernest Lubitsch, un joven Peter Lorre que da sus primeros pasos en el teatro... Pero, sin la menor duda, no hay mayor homenaje que el que en ella se rinde a Fritz Lang y sus películas de la época alemana, especialmente a "Metrópolis", a la que se etiqueta incluso como causante en gran medida de los problemas económicos de los grandes estudios alemanes.

Así, el director se convierte aquí en algo más que un mero personaje secundario, y algunos de los sucesos de su vida, con especial referencia a sus dos primeros matrimonios, forman parte de la urdimbre que Rabb utiliza para tejer su compacta trama. Empezando por un asesinato, el de Thyssen, cuya escenificación guarda un notable paralelismo con la muerte de su primera esposa, al menos según la visión que de tal suceso nos ofrece el autor en su novela. En efecto, Lisa Rosenthal muere por un disparo de su propio revólver el 25 de septiembre de 1920; se supone (y que se trate de una suposición es clave tanto en la ficción como en la realidad) que se quitó la vida espontáneamente después de haber sido testigo de la aventura de su marido con la que se convertiría dos años más tarde en su segunda esposa, Thea von Harbou, quien colaboraría a partir de ahí con él como guionista, en grandes películas como las dos partes del Doctor Mabuse (1922, 1932).

Una frau von Harbou que también se convierte a su modo, y quizá en mayor medida que su marido, en personaje fundamental de esta novela, especialmente por su marcada inclinación política en favor del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán; una de las causas, por cierto, que terminarían precipitando su separación de un Lang de ascendencia judía e ideología claramente opuesta. Curiosamente (aunque para entender del todo el uso de ese adjetivo, precisamente, hay que leerse esta novela) Thea terminaría sus días en el mundo del cine en el área de sincronización del sonido de películas extranjeras.

Fue precisamente junto a ésta, su segunda mujer, que Lang visitó Nueva York y los principales estudios cinematográficos de Hollywood. La experiencia probablemente inspiró la estética de rascacielos de su película más famosa, que se estrenó en 1927, el ya mencionado clásico de ciencia ficción "Metrópolis", cuyo guión también es fruto de la colaboración del matrimonio y que de hecho está basado en una novela de la propia von Harbou de 1926. Considerada como uno de los máximos exponentes del expresionismo alemán en las artes cinematográficas, esta distopía urbana futurista cuenta con la distinción de ser uno de los dos únicos filmes considerados "Memoria del Mundo" por la Unesco (el segundo filme es "Los Olvidados" de Luis Buñuel). Fue el primero en poseer esta categoría, amparado en la vívida encarnación de la sociedad toda, y la profundidad de su contenido humano y social. Una cinta que, al mismo tiempo que se apoya en el marxismo, critica el ideal de revolución socialista, pero que más allá de connotaciones ideológicas o políticas ha tenido una innegable influencia en el mundo artístico, sirviendo de inspiración, por ejemplo, en videoclips de grupos tan dispares como Mecano, Nine Inch Nails, Queen o la propia Madonna.

Otras sonadas colaboraciones del matrimonio que también aparecen mencionadas en esta novela son "Sigfried", una de sus dos películas inspiradas en el histórico "Cantar de los Nibelungos", y "M", que en España se conoce como "M, el vampiro de Düsseldorf", protagonizada precisamente por Peter Lorre, en ese cambio de tercio que el Lang de "Sombras y Luces" tan propicio le auguraba: de la risa al miedo. "M", una película policiaca, está inspirada en el caso real de Peter Kürten, que asesinó a varios niños en la ciudad de Düsseldorf, y es ampliamente considerada como un clásico de la cinematografía mundial y una obra maestra de su director. Fue la penúltima película de la etapa alemana de Lang y su primera película sonora, justo un año después de que por fin se lograse el tan codiciado cine sonoro; el propio realizador siempre la consideró como su mejor trabajo. Su ambientación oscura comúnmente se interpreta dentro del pesimismo producto de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Y, como curiosidad final, el fragmento que silba con gran frecuencia el personaje del asesino, no era silbado por el actor Peter Lorre, sino por el propio Fritz Lang; a Lorre le resultaba muy difícil silbar la melodía durante largo rato sin perder aire, así que Lang lo hizo por él, ya que tenía gran habilidad para ello.

En 1933 con la toma de poder de los nazis, el ministro de cultura Goebbels (aunque quizá sería mejor decir ministro de propaganda e ilustracion popular, que tal era el nombre del cargo), ofreció a Lang en una reunión privada y tras confesarse admirador suyo, hacerse cargo de los estudios UFA. Esto hace que el realizador abandone Alemania esa misma noche en un tren a París, marchándose sin dinero y dejando atrás a su mujer.

Y lo cierto es que, hablando de cine, acaso lo suyo habría sido dedicar también un apartado al tema de los primeros pasos del cine sonoro, que tan crucial resulta como tema en esta novela. Sin embargo, y merced al buen trabajo realizado por Rabb, he descubierto que este es un tema realmente rico y complejo, plagado de detalles y tecnicismos que a mí se me escapan, que más daría para una tesis que para un breve comentario. Así que baste con decir que ciertamente fue una lucha tan tenaz como apasionante, y que no todo en cine tiene porque venir necesariamente de la así llamada "Meca" del ídem, pues incluso con los remakes hoy día se sigue demostrando que, si bien tampoco es que sea regla general, en Hollywood se les da más que bien lo de copiar, adaptar o aprovechar buenas ideas ajenas.


Un par de curiosidades muy curiosas

A veces me pregunto si, además de lectora, soy buscadora de curiosidades... A lo mejor la explicación es tan sencilla como que en la variedad está el gusto; aunque bien pudiera ser que ese ojo avizor para lo extraño nazca precisamente de la necesidad de encontrar algo de lo que hablar, cuando aún el proceso de lectura no te ha desvelado cuán interesante va a resultar la obra de cara a explayarse en momentos como este. Traducido: ¡de algo hay que hablar, algo hay que contar, aparte de lo obvio!

¡En fin! Que dos son las curiosidades que despiertan mi curiosidad, valga la redundancia, en este caso; especialmente porque 'san Google' no ha sabido darme una respuesta satisfactoria que confirme la verdadera naturaleza, sino ya la existencia, de esos dos elementos en cuestión, si bien viniendo la información de quien viene, y dado el ya mencionado rigor histórico de este "Sombras y Luces", de mas está decir que me lo creo.

* Así, el primer fenómeno que me ha llamado la atención tiene que ver con la metereología, y es utilizado por Rabb precisamente al inicio de su novela, como una forma de explicar el vacío de la ciudad, si bien este también puede ser el simple reflejo de la situación de crisis y penuria económica de la que hablábamos anteriormente, como consecuencia del efecto de las indemnizaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles.

El fenómeno en cuestión no es otro que el llamado "cielo blanco" o weisserhimmel: un curioso fenómeno atmosférico que se traducía en "días enteros de un sol demasiado brillante que no daba la sensación de producir el menor atisbo de calor. Se presentaba más o menos cada cuarenta años, como una vaga reminiscencia del pasado nórdico de la ciudad; pero los berlineses no quisieron saber nada de esa historia. Estaban desconcertados porque su mundo había adquirido demasiada claridad, y se marcharon: los comercios cerraron por vacaciones sin previo aviso y las escuelas interrumpieron sus clases por tiempo indefinido. Aunque aquel fenómeno desaparecería al cabo de unos días, mientras tanto sólo los incondicionales mantenían viva la ciudad."

La verdad es que siento curiosidad por saber qué implica exactamente este fenómeno que provoca desbandadas, así que si alguien tiene una idea más clara del mismo, que no dude en dejar su comentario.

* La otra curiosidad del día tiene un carácter mucho más lúdico, y acaso podría considerarse como un antecedente histórico del sudoku, que aunque en principio pudiera pensarse que es un juego ancestral japonés, lo cierto es que no se popularizó en el país hasta 1986, mientras que en el ámbito internacional se dio a conocer sobre todo a partir de 2005. Sin embargo, ya a principios del siglo XX los periódicos dedicaban una sección a pasatiempos numéricos, como el taparan, que en la novela de Rabb sale a colación a raíz de las distinciones de nacionalidad que nuestro simpar Hoffner realiza en función de la forma de trazar un siete o un cuatro.

"Hoffner había pasado bastante tiempo estudiando los diferentes estilos de números en la época en que hacía furor el taparan, un juego que se había hecho popular en todas partes poco antes de la guerra. Los periódicos afirmaban que era originario de Japón o de China, pero todos sabían que habían sido los editores del BZ los que habían inventado el juego de ingenio para vender más ejemplares. Se basaba en un principio bastante simple: colocar una serie de veinte números al azar en una cuadrícula de cinco por cinco y eliminarlos, uno por uno, haciendo saltar a los menores por encima de los mayores hacia los espacios vacíos. El objetivo era quedarse con un sólo número al final, aunque rara vez se lograba. Como cabía esperar, surgió toda una cultura de taparan que generó entusiastas en todos los rincones de Europa. Incluso se organizaron torneos en que la velocidad y la menor cantidad de números en la tabla final determinaban quiénes eran los ganadores. Hubo un italiano que logró llegar al "semifallo perfecto". Fue impresionante. Ganó tres veces en seis semanas."

Ciertamente, suena de lo más complejo. Lástima que no haya sido capaz de encontrar ni el menor rastro de información sobre el juego en cuestión y, lo que es más importante, algún ejemplo un poquito más gráfico que aclare las ideas. ¿Será que se lo conoce con algún otro nombre? Con la duda me quedo...


Escenas... nunca mejor dicho.

* Las bragas pisapapeles (pág.40).

* Amanecer (pág. 183).

* Lo que había en el almacén (pág.313).

* La bañera, toma dos (pág.317).


Diálogos chispeantes y profundos

* "Claro que tengo enemigos, inspector jefe. Lo difícil es hacer amigos." (Pág. 49).

* "Sin sonido, todo lo que queda son luces y sombras. Monótonas, frías, insulsas. El sonido es la tercera dimensión. Es lo que les da textura. Lo que lo hace real." (Pág. 132).

* "Muy inteligentes, estos americanos. Algún día van a salvar el mundo. Aunque el mundo no lo necesite." (Pág. 135).

* "Odiar a los judíos es algo de lo que nosotros, los alemanes, nunca acabamos de librarnos. Somos adictos, como los americanos a la arrogancia. La única diferencia es que nunca nadie fue tan estúpido para convertir la arrogancia en una ideología política." (Pág. 168).


Otras obras del autor

Increible pero cierto, a estas alturas de siglo en que ya estamos, Jonathan Rabb no tiene ni página web ni entrada en la Wikipedia que se precie; lo cual es doblemente curioso si se tiene en cuenta que "Sombras y Luces" es ya su cuarta novela, que recientemente ha publicado en su país la quinta, y que, en mi opinión, es un escritor de lo más competente.

Personalmente, ésta es la tercera obra del escritor americano que leo, precedida por las dos anteriores que, desde mi humilde punto de vista, se parecen lo que un huevo a una castaña. Así, mientras su segunda novela, "La Conspiración de los Herejes", llegó a mi casa de rebote y no me pareció nada del otro mundo, la tercera, "Rosa", me pareció de lo mejor del género negro, tanmbién histórico, que leí en aquella temporada, hará como unos cinco años.

* "La Conspiración de los Herejes", en clara línea con el estilo literario de su primera novela, "El Señor del Caos", es una de esas historias prescindibles que juegan con la idea de arcaicas conspiraciones de toque religioso, para componer un thriller místico destinado al consumo fácil y al gran público. Ian Pearse, joven sacerdote católico, se ve envuelto en una conspiración ideada para erradicar el catolicismo e implantar en su lugar una antigua creencia dada por desaparecida: el maniqueísmo. En el centro de todo se encuentra un antiguo manuscrito del siglo VI, cuyo contenido conduce a Pearse hacia Grecia y, posteriormente, Bosnia, donde en el pasado tuvo un antiguo affaire amoroso de ignoradas consecuencias. No es que sea una mala novela, pues después de todo el rigor de Rabb está presente en la historia tanto como su habilidad narrativa, pero, repito, no me pareció nada del otro mundo.

* Por el contrario "Rosa" es una de esas novelas que una puede recomendar a cualquiera sin el menor sonrojo, muy en la línea de la que hoy nos ocupa, lo cual no es de extrañar si se tiene en cuenta que no deja de ser la primera parte de la 'Trilogía de Berlín' de Raab, de la que "Sombras y Luces" constituye la segunda entrega. De hecho, se trata de la primera aventura literaria de Nikolai Hoffner, que tiene lugar en el mismo escenario, Berlín, si bien la acción se desarrolla ocho años antes. Durante los últimos días de la Primera Guerra Mundial, la revolución socialista alcanza Alemania, enviando al Káiser Guillermo al exilio y convirtiendo Berlín en un campo de batalla. Sin embargo, para el detective Nikolai Hoffner y su joven asistente Hans Fichte, la revolución es un mero inconveniente para una investigación que se prolonga hace semanas. Las cosas toman un giro aún más preocupante cuando la policía política comienza a inmiscuirse en la investigación de Hoffner, que no entiende el interés que aquélla pueda tener por la muerte de unas mujeres a manos de un mismo asesino en serie. La aparición del cadáver de Rosa Luxemburg le da la respuesta. Curiosamente, el cuerpo de la líder socialista desaparecida meses atrás está marcando de igual modo que los de las otras mujeres, creando un hipotético vínculo con las mismas y desmintiendo los rumores de que Luxemburg ha muerto a manos de una enfurecida muchedumbre.

Y es que, efectivamente, la Rosa del título no es otra que la Luxemburgo, que en la versión histórica fue capturada en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinada ese mismo día; fue golpeada a culatazos hasta morir, y su cuerpo fue arrojado a un río cercano. La novela de Rabb es ciertamente tan rigurosa como adictiva, y puede que incluso superior a este "Sombras y Luces"; desde luego, yo guardo muy buen recuerdo de ella, por más que hayan pasado cinco años, que no es decir poco teniendo en cuenta mis problemas de memoria en estos casos, con mezcla de argumentos y demás. Aunque la lectura de ambos títulos de la trilogía puede hacerse de forma independiente, realmente merece la pena leerse ambas novelas e incluso respetar el orden, pues después de todo, y utilizando aún otro dicho popular de esos a los que también soy bastante aficionada, de aquellos polvos, estos lodos... especialmente en lo que a las vivencias de Hoffner se refiere.

Por cierto que la última entrega de la trilogía, 'The Second Son', cambia de escenario, y Hoffner deja Berlín para venirse ni más ni menos que a Barcelona en pleno inicio de nuestra Guerra Civil: así pues, otro salto temporal de nueve años y con el encantador Georg danto título a la historia. Anarquistas, soviéticos, agentes secretos británicos o una doctora de nombre Mila Pera serán algunos de los personajes que el ex-policía se encontrará en su camino, mientras sigue las pistas que su hijo le ha ido dejando en sus intentos por dar con su paradero en el caos que es la España de la época.


Te gustará si te gusta... pues esta vez la cosa es tan fácil que casi tengo la impresión de estar diciendo obviedades, pero ahí van igualmente:

1- "Rosa", la primera parte de la trilogía, tanto por su protagonista común como por el estilo narrativo de la historia, la trama compleja y la soberbia ambientación.

2- El mundo del cine, en general, pues no faltan las referencias al mismo, incluyendo la parte técnica con especial mención a la llegada del sonido al cine; el cine negro, en particular, pues ese es sin duda el género protagonista, y "Sombras y Luces" no carece de ese elemento visual que hace la comparación aún más acertada si cabe.


Negro y alemán

A lo mejor me repito, o a lo mejor es que soy de gustos tan amplios que al final lo encuentro todo interesante. La verdad es que yo creo que no llega a tanto la cosa pero, si así fuera, esa suerte que tengo, que así es más fácil encontrar lecturas amenas. En cualquier caso, vuelvo a decir que las novelas ambientadas en cualquiera de las dos Guerras Mundiales, tanto como en el período intermedio, me suelen resultar especialmente apasionantes; que Alemania sea el escenario elegido no es condición necesaria, aunque siempre lo será suficiente, probablemente por esa fascinación que ejercen determinados acontecimientos históricos como los allí acontecidos en ese período, tal es el poder de atracción de las cosas que hasta cierto punto parecen incomprensibles por más que no lo sean tanto, sino pura naturaleza humana llevada acaso por el camino erróneo.

Una época, escenarios y acontecimientos especialmente proclives a la interpretación en tonos negros, tan propicios resultan unos y otros para intrigas políticas y tramas de espionaje, si bien no lo son menos para historias de emoción y sentimiento. Aunque hoy nos quedaremos con el negro...

* Quizá uno de los autores más conocidos dentro de este subgénero, si como tal puede considerarse, es Alan Furst, escritor especializado en novelas históricas de espionaje ambientadas en Europa en los años 30 y principios de los 40. Sus señas de identidad: una ambientación asombrosa, una elegante estética cinematográfica estilo "Casablanca" y tramas colectivas sustentadas en héroes anónimos. Sus libros, que arrasan en Estados Unidos y en Europa y tienen un espectacular consenso de prestigio entre la crítica, incluyen títulos como "El Corresponsal", "Reino de Sombras" o la más reciente "Soldados de la Noche". Si bien Furst no se circunscribe únicamente al escenario germano, siendo frecuentes las incursiones en la Guerra Civil española, el submundo de la Resistencia Francesa o en el denominado sector soviético, no se puede negar la importancia que el país tiene en su obra así como su clara representatividad de este tipo de literatura. Personalmente, no es de mis favoritos y, de hecho, creo que sólo me he leído una de sus novelas, aunque en este momento no podría decir que es lo que echaba de menos... o de más.

* Por el contrario, sí que guardo un muy buen recuerdo de "Berlín, 1945" de Pierre Frei, novelista alemán nacido en 1930, que además ha escrito para cine y televisión y ha sido corresponsal en tres continentes, del que de tanto en tanto busco algún nuevo título en la biblioteca, por desgracia siempre sin éxito. Articulada en torno a una serie de asesinatos producidos en un barrio de Berlín, siendo todas las víctimas mujeres de apariencia aria, rubias, guapas, delgadas y llamativas, lo que hace suponer la existencia de un asesino en serie, la novela es mucho más que la enésima historia de un psicópata en escenario histórico, desde el momento en que el hilo argumental central se va ramificando para presentarnos las interesantes historias personales de cada una de las víctimas: una actriz, una enfermera madre de un niño deficiente, una aristócrata prusiana y una prostituta que acabará casada con un dirigente de un campo de concentración. Una novela realmente original, de grandes personajes e impecable ambientación.

* Sin cambiar de escenario ni de año, "El Buen Alemán", de Joseph Kannon, es probablemente más conocida por su adaptación cinematográfica, dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por el galán por excelencia, George Clooney, y la no menos aristocrática Cate Blanchett. En medio de los escombros del Tercer Reich, Churchill, Stalin y Truman se reúnen para dar forma al mundo de la posguerra. El cadáver de un oficial estadounidense es hallado con los bolsillos repletos de dinero. El periodista Jake Geismar regresa a la ciudad en busca de un gran artículo que ponga fín a su guerra, pero en lugar de eso descubre que está a punto de estallar otra. Un típico exponente del género, sin más.

* Por su parte, "Kapput Mundi", de Ben Pastor (que en realidad no se llama Ben, sino Maria y es italiana) es la primera entrega de los casos de Martin Bora. Aristocrático y cosmopolita, melancólico y contradictorio, Martin Bora es mucho más que un simple oficial de la Wehrmacht. Desde su rango de militar privilegiado en la Roma invadida por las tropas alemanas, donde las atrocidades de la guerra conviven de modo asombroso con un mundo de lujo y exuberancia, Bora ejerce de investigador de casos criminales, dispuesto a jugarse la vida en una lucha contrarreloj por salvar a inocentes. En este primer caso publicado en castellano, Bora debe aclarar los puntos oscuros del supuesto suicidio de una joven y algo casquivana secretaria de la embajada del Reich. Con la ayuda del inspector de policía Sandro Guidi, Bora se adentrará en una intrincada maraña de odios, traiciones y alianzas secretas donde la curia vaticana desempeña un ambiguo y a veces peligroso papel. Una novela amena y bastante correcta, en la que lo secular se entremezcla con lo religioso y que también ofrece un buen retrato de la Europa ocupada.

Y así podríamos seguir, quizá no ad infinitum, pero casi... así que, por contra, aquí lo dejaremos. Después de todo, es más que probable que en un futuro se nos presente una nueva ocasión para continuar con la lista. Y ustedes que lo lean...

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Proximamente: "Chico de Ojos Azules", de Joanne Harris.

lunes, 16 de mayo de 2011

2011-46. "Shogún", de James Clavell

Karma es karma


Título: "Shogún"

Título original: "Shogun"

Autor: James Clavell.

Editorial: Punto de Lectura.

Año: 1975 (2006, de la edición en español).

Páginas: 1.123.

Género: Novela histórica de aventuras (Japón, S.XVII).


Sinopsis:

El capitán John Blackthorne naufraga en los primeros años del siglo XVII en las costas de Japón. Su destino es morir decapitado, pero, sorprendentemente, se convierte en pieza clave en la lucha política que mantienen lo más poderosos señores feudales, Toranaga e Ishido, por hacerse con el control del Imperio. Zarandeado por los intereses de ambos señores, y por los de la Iglesia que cristianiza las islas, Blackthorne, llamadmo Anjín-san, va sumergiéndose poco a poco en la cultura japonesa, hasta el punto de aprender el idioma, convertirse en samurái e, incluso, enamorarse de Mariko-san, su traductora.

Shogún, uno de los éxitos literarios más fulminantes de las últimas décadas, que además sirvió de inspiración para la famosa serie televisiva, es la historia del enfrentamiento entre dos mundos encarnada en el relato de un amor imposible.


Puntuación: 3/5

Los que realmente me conocen saben ya de mi espíritu de contradicción, pero lo cierto es que llevarme la contraria a mí misma no entra dentro del esquema habitual del proceso, así que en este caso concreto tendremos que buscar otra justificación. Y es que tengo que decir que esperaba que el "Shogún" de James Clavell me gustase bastante más de lo que lo ha hecho. El género, la temática, las referencias que de esta novela tenía y hasta su extensión, pues soy de las que cree que no siempre las mejores esencias vienen en frasco pequeño, me hicieron concebir ciertas esperanzas, crearme determinadas expectativas que, si bien en buena lid tampoco puedo decir que se hayan visto por completo defraudadas, lo cierto es que tampoco se han visto plenamente satisfechas.

Empezando por el simple hecho, increible pero cierto después de lo anteriormente dicho, de que su extensión me ha parecido excesiva, cuando no ya innecesaria; y es que, por más que a veces sea necesario tomarse las cosas con calma para contar bien una historia, más aún cuando los sucesos narrados encierran la complejidad política de los así expuestos en "Shogún" (estrategias bélicas, traiciones, planes secretos, contraplanes, argucias varias...), he tenido la sensación, especialmente en la parte central de la novela, de que el autor daba demasiadas vueltas sobre un mismo punto, a tal extremo que la lectura ha llegado a hacérseme pesada por momentos... si bien es cierto que, afortunadamente, la historia vuelve a ganar tanto en ritmo como en interés en su parte final, consideraciones sobre su desenlace aparte.

Por otro lado, no se puede negar el talento de Clavell para reflejar las consecuencias de un choque de culturas como el que en esta narración se produce; y, lo que resulta aún más destacable, no sólo a gran nivel, como de hecho lo hace con su retrato de la influencia de la nueva cultura católica y, en especial, de los jesuitas portugueses, sobre las luchas de poder internas por medio de ese enfrentamiento latente entre los daimíos católicos y los que no lo son, sino también a nivel individual, tanto por medio de la figura del supuesto gran protagonista, el capitán Blackthorne, alias Anjín-san, como a través de su no menos interesante traductora, la conversa Mariko-san.

Es Mariko un personaje que se convierte en protagonista por derecho propio a medida que transcurre la historia, y cuya relevancia va mucho más allá de ser el objeto de interés amoroso del europeo convertido en hatamoto. Mujer samurái que encarna a la perfección las virtudes y tradiciones del Japón feudal, su interés reside en gran medida en el hecho de ser un personaje a medio camino entre dos mundos que, no obstante, no olvida nunca conceptos tan importantes en esta novela como lo son el deber y el honor... y todo ello sin renunciar tampoco a su nueva fe cristiana. Un personaje con carácter que, como sucede con muchos otros en esta novela, se impone sin mayor dificultad sobre el de Anjin-san al que, para mí, le falta un punto de fuerza o desarrollo para llegar a convertirse en auténtico protagonista de la historia.

Acaso tal sensación tenga mucho que ver con la alternancia en los puntos de vista de la narración, sin duda necesarios para un buen entendimiento de la historia que, en realidad, tiene mucho más que ver en última instancia con el enfrentamiento entre dos grandes señores feudales en su lucha por el poder que con ese choque de culturas que, sin que pueda negarse su importancia, en ciertos aspectos se consituye mucho más en telón de fondo que en núcleo central de la historia. Y, por lo mismo, se me antoja que las pinceladas de pensamiento y sentimiento de Blackthorne no llegan a ser suficientes para lograr la total empatía con el personaje, por más que no sea difícil entender su lucha interna, tanto como su fascinación por el nuevo mundo al que se enfrenta y del que acaso pasa a formar parte con inusitada facilidad. ¡Vamos! Que si no fuera porque el Anjín-san está basado en una figura histórica, acaso me vería tentada a creer que su esencia no es sino la de la creación literaria y su propósito no otro que el de servir de excusa para una introducción para europeos a los modos y maneras del Japón feudal.

Un Japón feudal que, en muchos aspectos, puede considerarse como el auténtico protagonista de esta novela; tanto como lo es, en mayor medida que cualquier otro de los tipos humanos que pueblan estas páginas, el gran daimío del Kwanto, el señor Toranaga, insigne señor feudal en su constante lucha por alcanzar el rango de Shogún, que no por nada tal título es el elegido para bautizar esta novela. Un hombre extremadamente inteligente, calculador y astuto, que mueve con maestría los hilos no sólo de todos aquellos que se encuentran bajo su poder, sino también de los que a él se oponen, sin que muchas veces ni unos ni otros lleguen a ser conscientes de tal realidad. El verdadero maestro de ceremonias de una trama teñida de conspiraciones políticas, cuyo final parece indefectible por más que tantas cosas queden en el aire. Y es que, si me lo preguntáis, el desenlace es un tanto decepcionante en su carácter abierto, especialmente después de que haber pasado tanto tiempo pendientes de la lucha entre Toranaga e Ishido.

En resumen, una novela que podría haber sido mejor de lo que es, excesivamente larga por momentos, en la que destacan especialmente los personajes secundarios, tales como Yabú o su sobrino, Omi, del que personalmente me hubiera gustado ver bastante más. Una buena aproximación histórica a una época y cultura fascinantes, como sin duda lo es el Japón feudal, en la que se echa de menos un poco más de acción, incluso por más que ésta no falte, y que nunca brilla tanto como en los momentos en que se impone la sencillez del sentimiento sincero de sus protagonistas.


Ficcción histórica, histórica ficción

Al encontrarse ante una novela de las características de "Shogún", surge tan inevitable como lógica la pregunta: ¿hasta qué punto lo que en ella se relata responde a la realidad, hunde sus raíces en personajes y acontecimientos históricos del pasado, y hasta que punto tal vertiente histórica se limita al uso de costumbres y el reflejo de formas de vida de una época?

Como suele suceder en las demás novelas de Clavell, tanto el escenario como muchos de los personajes que pueblan estas páginas se basan en acontecimientos reales; aunque yo más bien diría que se "inspiran en", pues son varias las licencias creativas que se toma el autor en su particular reconstrucción de los hechos, del mismo modo que ninguno de los nombres que él concede a sus personajes se corresponden con los de las verdaderas figuras inspiradoras de los mismos. Así, por ejemplo, Toranaga es el nombre ficticio elegido para la ocasión para Tokugawa Ieyasu (31 de enero de 1543 – 1 de junio de 1616), fundador y primer shōgun del shogunato Tokugawa de Japón, quienes gobernaron desde la batalla de Sekigahara, en 1600, (año en el que se sitúa la acción de esta novela) hasta la Restauración Meiji en 1868. Ieyasu gobernó desde 1600 (oficialmente 1603) hasta su renuncia en 1605.

Por su parte, el capitán Blackthorne, alias Anjín-san, sería el trasunto literario del navegante inglés William Adams (efectivamente conocido con tal nombre japonés), considerado por muchos como el primer británico en viajar a Japón. Poco después de su llegada a este país, se convirtió en un importante asesor del shōgun Tokugawa Ieyasu y construyó para él un barco a vela de estilo occidental que fue el primero de ese tipo hecho en Japón. Adams fue más tarde la figura clave en el establecimiento en Japón de oficinas comerciales de Holanda e Inglaterra, así como parte muy importante en el llamado comercio con "barcos del sello rojo" (o shuinsen) a lo largo de Asia, fletando y capitaneando varios barcos a vela por el sudeste del continente con fines comerciales. Murió en Japón a la edad de 55 años y actualmente se le considera como uno de los extranjeros más influyentes en Japón durante el primer período de apertura a Occidente.

De igual modo, Ishido sería el reflejo en la ficción de Ishida Mitsunari; el Taiko Nakamura, de Toyotomi Hideyoshi o Mariko de Hosokawa Gracia... y así con la casi totalidad de los protagonistas de esta historia, en la que incluso es probable que el nombre del barco de los bárbaros, el Erasmus, haya sido acuñado por el nombre inicial del barco Die Liefde, el barco holandés capitaneado por William Adams, que llegó a las costas de Japón en el año 1600. El verdadero Erasmus fue renombrado para encajar con los nombres de los otros cuatro barcos de la expedición que partió desde Holanda en 1598.

Por otra parte, y a pesar de su fidelidad en el retrato de costumbres de una época, lo cierto es que el libro contiene varios anacronismos. Como ejemplo, el grito de ataque banzai se empezó a usar después del periodo feudal, en el Ejército Imperial Japonés, y como referencia al emperador de Japón. Además, al principio del libro se dice que un personaje practica judo, cuando este deporte empezó a surgir como tal después de la era feudal. Otro anacronismo importante es el hecho de que en las guerras de Japón se utilizaban los mosquetes en fila desde la batalla de Nagashino de 1575, por lo que en ningún caso podrían haber sido su uso introducido por Blackthorne.

Por otra parte, y a diferencia de lo que se insinúa al final de la novela, Tokugawa Ieyasu no ordenó la expulsión de los comerciantes europeos, sino que limitó el comercio entre éstos y Nagasaki. La expulsión de los misioneros cristianos fue ordenada por Hideyoshi, que no fue Shogun.

Para los que como yo se hayan quedado un tanto disconformes con el final de la historia, en las siguientes novelas de Clavell se revela que Toranaga finalmente asedia el castillo de Ochiba y Yaemon, el Heredero, y les obliga a cometer suicidio, hecho que corresponde con la realidad.

Más inexactitudes históricas:

- En el libro también se menciona que el cartógrafo Gerardo Mercator es holandés, cuando en realidad era flamenco, aunque en la época de las exploraciones esta distinción no era ni muy clara ni muy conocida.

- En la novela, Vinck se vuelve loco y muere cuando se da cuenta de que, al igual que Blackthorne, está atrapado en Japón para siempre. La verdad es que Van Lodensteijn, el verdadero Vinck, sí que se adaptó a la vida en Japón y murió ahogado en 1623.

- También se dice en la novela que el capitán del barco Erasmus muere al poco tiempo de llegar a Japón; de hecho Jacob Quaeckernaeck sobrevivió. En la obra de Clavell a ninguno de los tripulantes se les permite salir de Japón, pero a Quaeckernaeck y Melchior van Santvoort se les permitió dejar Japón en 1604 .

- El barco de Blackthorne es pasto de las llamas en "Shogún", del mismo modo que el siguiente que construya también será incendiado; en realidad, Der Liefe no fue incendiado, sino que se pudrió en 1607. Adams sí que construyó dos barcos para Tokugawa -como el buque de guerra japonés San Buena Ventura- que se utilizaron para llevar a casa náufragos españoles desde Japón.


Lecciones de cultura japonesa

En su mayor parte, lo que Clavell nos enseña sobre el Japón feudal no son sino pequeñas pinceladas de conocimiento que se nos ofrecen en la misma medida que se le ofrecen al propio Anjín-San y que resultan especialmente reveladoras de una forma de concebir el mundo y la vida totalmente opuesta a la propia de la así llamada civilización occidental; siendo tal diferencia especialmente relevante en una época como la retratada en la novela, en la que la velocidad y facilidad de las comunicaciones poco tenía que ver con las características de nuestro tiempo. Y, así, donde tales diferencias aún son apreciables tantos siglos después, a pesar del efecto unificador del fenomeno de globalización, ¡qué no decir de tal época pasada y sus circunstancias!

Desde la forma de organizar el tiempo (las horas del día, los meses del año...), hasta la propia estructura de gobierno, pasando por términos inexistentes en su cultura o con significación completamente diferente a la occidental, como el de usura (que para ellos sólo existía cuando el tipo de interés era superior al 100%, siendo lo habitual que éste se encontrase por encima del 50% y en torno a un 70%), lo cierto es que esta novela es una buena aproximación a una época apasionante, en la que conceptos como el honor o el karma tienen una relevancia que va mucho más allá de lo puramente etimológico.

* No faltan en esta novela buenos ejemplos de lo que es el Bushido: un código ético estricto y particular al que muchos samurái entregaban sus vidas, que exigía lealtad y honor hasta la muerte. Si un samurái fallaba en mantener su honor, podía recobrarlo practicando el seppuku (suicidio ritual). Se dice que desde pequeño, el bushidō era inculcado a los japoneses de la clase dirigente incluso antes de despegarse del pecho de la madre.

Ha llegado a ser conocido como el código Samurai, pero es más que eso. El nombre dado no es "el código" o "la ley" del guerrero, sino mejor, "el Camino." No es simplemente una lista de reglas a las cuales un guerrero se debe apegar a cambio de su título, sino un conjunto de principios que preparan a un hombre o a una mujer para pelear sin perder su humanidad, y para dirigir y comandar sin perder el contacto con los valores básicos. Es una descripción de una forma de vida, y una prescripción para hacer un guerrero-hombre noble.

En el corazón del bushido está la aceptación del Samurai a la muerte. Una vez él guerrero está preparado para el hecho de morir, vive su vida sin la preocupación de morir, y escoge sus acciones basado en un principio, no en el miedo. "Si preparando correctamente el corazón cada mañana y noche, uno es capaz de vivir como si su cuerpo ya estuviera muerto, gana libertad en El Camino. Su vida entera estará sin culpa, y tendrá éxito en su llamado."

* Otro aspecto cultural importante que se nos revela en la novela es el papel de las mujeres en la sociedad nipona, que en muchos aspectos no viene sino a poner de manifiesto las diferencias entre el mundo occidental y oriental, pues por más que los habitantes del primero se considerasen más avanzados o civilizados en muchos aspectos, lo cierto es que estos últimos llevaban ventaja en algunas cosas.

Así, y tal como le cuenta la propio Mariko a Anjín-san: "...por lo que me han contado, la mujer tiene aquí mucha más libertad que en Portugal o en España. Podemos ir libremente a donde nos plazca y cuando nos plazca. Si queremos, podemos divorciarnos de nuestros maridos. En primer lugar, podemos negarnos a casarnos. Somos dueñas de nuestro caudal y de nuestros bienes, de nuestro cuerpo y de nuestra alma. Si lo deseamos, podemos tener un poder enorme. (...) Aquí la esposa cuida de todo. El dinero no significa nada para un samurái. Yo administro los negocios de mi marido. Él toma las decisiones. Yo cumplo sus deseos y pago las facturas. Esto le deja libertad para dedicarse únicamente a cumplir su deber con su señor."

Claro que el problema está, precisamente, en lo que el señor pueda decidir ordenar, pues en tal caso la mujer samurái goza de muy pocas prerrogativas: si éste le ordena casarse con alguien, se casará; si le ordena divorciarse, algo que también pueden ordenar los padres a sus hijos, tendrá que hacerlo; y, sobre todo, si le ordena quitarse la vida, no hay más que discutir.

* Finalmente, y para terminar esta sección, qué mejor que incluir un pequeño diccionario de términos que, sin duda, todos hemos oído alguna vez, pero cuyo significado puede que no tengamos tan claro, y que ciertamente son fundamentales para entender la estructura organizativa de la sociedad feudal nipona en la que transcurre la acción de este "Shogún".

- DAIMÍO (o daimyō) era el soberano feudal más poderoso desde el S.X hasta el S. XIX dentro de la historia de Japón. El término es utilizado en ocasiones para referirse a las figuras de liderazgo de los clanes y los de más alto rango eran considerados nobles.

- TAIKO es el título que se le da al máximo regente japonés cuando procede de una familia humilde y, por tanto, no puede ser nombrado shōgun. En un sentido más estricto, taikō puede referirse a Hideyoshi Toyotomi, siendo este un uso más común del término tanto en la Historia como en la propia novela. De hecho, fue este taiko el que introdujo grandes cambios en la sociedad japonesa como el sistema de castas o clases sociales, según el cual los campesinos ya no podían ser samuráis como en épocas anteriores y, por lo mismo, tampoco podían poseer armas, aunque sí poseían todas las tierras, si bien su producto era propiedad de los samuráis.

- SHOGÚN (o Shōgun) era el rango supremo que podía alcanzar un mortal en el Japón. Significaba "Dictador Militar Supremo" y sólo un daimío podía ser shogún en un momento dado, y sólo su Alteza Imperial el Emperador reinante, el Hijo Divino del Cielo, que vivía recluido con la familia imperial en Kioto, podía otorgar aquel título. Así pues, el shogún gobernaba en nombre del Emperador. Durante los primeros contactos con occidente e incluso en algunos países asiáticos como China, el shōgun era considerado como "rey de Japón", ignorando que existían dos estructuras de autoridad. Actualmente algunos escritores e historiadores han comparado al shōgun con apelativos como "dictador militar" o "generalísimo" con la finalidad de explicar sus funciones a un público no familiarizado con la historia del país.

- RONÍN (o rōnin ), literalmente "hombre ola" (un hombre errante como una ola en el mar) era un samurái sin amo en el Japón feudal, en el período comprendido entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o a que había perdido su favor. La manera más sencilla que había para que un samurái acabara siendo ronin era a través del nacimiento: el hijo o hija de un rōnin también era rōnin, siempre que no renunciara a su estatus. A menudo el rōnin por nacimiento soñaba con demostrar su valía para poder jurar lealtad con un clan, convirtiéndose así en un verdadero y auténtico samurái. Aunque esto ocurriera de vez en cuando, era algo infrecuente, reservado a los más talentosos, pues pocos daimyō estaban dispuestos a sentar un precedente permitiendo que un rōnin entrara en su clan. Más a menudo los rōnin eran enviados en ciertas misiones con la promesa de la admisión, para luego negársela basándose en algún tecnicismo.


Otras aproximaciones literarias al Japón feudal

Probablemente me repito, pero considero que el Japón feudal es una de las épocas históricamente más interesantes y una de las que más atractivos ofrece desde el punto de vista literario, tanto por el casi tópico de las diferencias culturales y el consecuente choque de civilizaciones, como por las posibilidades narrativas que tal sociedad ofrece en concreto para géneros como la novela de aventuras, dadas las ya mencionadas particularidades de su organización en castas, la personalidad y comportamiento de esos míticos guerreros, los samuráis, y el refinamiento cultural del pueblo nipón.

Bien cierto es que eso mismo podría decirse de casi cualquier otro pueblo ancestral (egipcios, celtas, hasta romanos), pues no se me escapa que muy a menudo aquello que precisamente encontramos más fascinante es lo lejano o lo desconocido; y, en este caso, el escenario elegido reúne ambas condiciones, tanto por su lejanía geográfica y cultural como por la temporal. En cualquier caso, creo que hay muchas novelas interesantes que toman como punto de partida esta época, y precisamente de eso se trata en esta ocasión: de ofrecer algunos botones de ejemplo para posibles amantes del subgénero.

* Sin duda una de mis primeras aproximaciones literarias a esta temática, allá por los tiempos de mi infancia más que de mi adolescencia, siempre permancerán en mi recuerdo las aventuras de los ronín Zenta y Matsuzo, de Linsey Namioka, concretamente en "El Valle de los Cerezos Rotos" y " En el Pueblo del Gato Vampiro", si bien estos no son sino dos de los al menos seis títulos que componen la serie. Historias de dos jóvenes samuráis en busca de trabajo en el Japón feudal del siglo XVI, con la consiguiente ración de aventuras y luchas en defensa de su honor, en una aproximación a la época muy amena y apta para todos los públicos. Misioneros portugueses y su curiosa religión, fantasmas y antiguas leyendas, intrigas cortesanas y asesinatos, bandidos y psicópatas, hasta inesperados encuentros con el pueblo esquimal, a todo eso y mucho más se enfrentarán los carismáticos protagonistas de estas novelas de las que, desgraciadamente, no creo que podamos disfrutar en su totalidad en castellano.

* Otra aproximación al subgénero destinada en principio al público juvenil es la saga "Leyendas de los Otori" de Lian Hearn, si bien es cierto que las novelas se ambientan en realidad un mundo ficticio claramente basado en el Japón feudal. En un principio la serie constaba de tres libro: "El Suelo el Ruiseñor" (2002), "La Hierba en la Almohada" (2003) y "El Brillo de la Luna" (2004). Pero en 2006 se publicó una secuela, "El Lamento de la Garza" y en 2008 una precuela, "La Red del Cielo es Amplia".

Los libros narran las aventuras de un joven guerrero llamado Takeo en su afán de vengar a su padre adoptivo, su huida del legado de su padre biológico, y la persecución del amor de su vida en medio del asfixiante poder de una docena de señores de clanes y cientos de guerreros samurái. Los Otori es un clan ficticio de esta serie de novelas, emparentado con el mismísimo emperador que gobierna el País Medio. Tras la sangrienta Batalla de Yahegara, en la que fueron traicionados por el Clan Noguchi, aliados suyos, los Otori perdieron el sur del País Medio en favor del Clan Tohan. Otori Shigeru es el heredero del clan, pero tras la muerte de su padre en Yehegara, sus tíos le usurparon su cargo. A pesar de todo, Takeo, sobrino e hijo adoptivo de Shigeru, logra imponerse y elimina a los usurpadores. Tras derrotar a los Arai, se convierte en el Señor de los Tres Países, y logra convertirlos en una tierra próspera.

Aunque sólo me he leido la primera parte de la serie, tengo que decir que se trata de un libro de aventuras bastante ameno y, de hecho, no descarto que el resto vayan cayendo con el tiempo. Ciertamente, se trata de una saga que goza de bastante éxito entre el público juvenil, a tal punto que se ha hablado más de una vez de llevarla a la gran pantalla y, según se rumorea, el proyecto se encontraría en la fase de escritura del guión.

* Una buena historia ambientada en las postrimerías de la época feudal es la que nos ofrece "El Puente de Otoño", de Takashi Matsuoka: otro caso más de choque de culturas, con la peculiaridad de que en este caso la bárbara es una mujer. Emily, residente en Japón desde su llegada a Edo en 1861, entabla amistad con el heredero del clan de Okumichi, Genji, un joven que, aunque interesado por el mundo occidental que se abre ante él, sigue considerando que su principal deber es la defensa del honor familiar. Emily, intrigada por la historia de los ancestros de Genji, se volcará en la interpretación de los manuscritos legados. Una profecía oculta durante siglos comenzará a tomar forma...

De hecho, uno de los elementos que destaca en esta novela, etiquetada a menudo como perteneciente al género histórico, es la preeminencia del elemento fantástico, a través de las mencionadas profecías, así como un estilo narrativo en el que abundan los flasbacks. En definitiva, una historia recomendable especialmente para los amantes del género histórico de aventuras, sin que falte el toque de misterio. Segunda parte de "El Honor del Samurái", aunque de lectura independiente si así se desea (por cierto que yo no recuerdo haberme leído la primera parte), y que cuenta con los mismos personajes que aquella.

* Aunque, ciertamente, y hablando de este subgénero que constituyen en sí mismas las aventuras de samuráis, no se pueden pasar por alto títulos tan significativos dentro del mundo del cómic manga como el popular "Rurouni Kenshin" de Nobuhiro Watsuki, ambientado en los primeros años de la era Meiji del Imperio de Japón (era que se inicia en 1868, para más señas), afectando también al argumento acontecimientos sucedidos en el tiempo Bakumatsu de la Dinastía Tokugawa (inmediatamente anterior a la mencionada era Meiji). Himura Kenshin, el personaje principal que da nombre a la serie, está basado en el personaje histórico de Kawakami Gensai (uno de Los cuatro Hitokiri del Bakumatsu, guerreros de élite, considerados invencibles por la gente común, que se opusieron al Shogunato Tokugawa y posteriormente apoyaron al Emperador Meiji), así como en otros personajes históricos como el rōnin Musashi Miyamoto, autor del reconocido tratado sobre artes marciales titulado "El Libro de los Cinco Anillos" (Go-rin no sho).

La historia sigue las aventuras de un grupo de personajes que giran en torno al Dojo Kamija, propiedad de la joven profesora de kendo Kaoru (17 años). Encabezando a este grupo de personajes está Kenshin, un melancólico samurai vagabundo que intenta dejar atrás su carrera como asesino en la que se labró una terrible reputación y al que Kaoru da cobijo en su casa, si bien progresivamente el círculo de personajes que giran alrededor del dojo se irá ampliando, empezando con Yahiko (10 años), un chaval que Kaoru toma como aprendiz en su dojo, y Sanosuke (19 años), un espigado y algo rudo ex-matón que porta una gigantesca espada. Todos ellos tiene un denominador común: son gente sin familia ni hogar.

Este creciente grupo de personajes (a los que se irán añadiendo todavía algunos más según avance la historia) iran trabando lazos de amistad y protagonizarán una serie de aventuras en las que predominan las escenas de acción espada en ristre, con enfrentamientos entre Kenshin y sus amigos contra diferentes adversarios. Esto se condimenta con frecuentes toques humorísticos, algún interés romántico e incluso momentos predominantemente dramáticos, como aquellos en los que conocemos el pasado de Kenshin al que éste siempre prefiere no hacer alusión.

* Otro manga de similares características especialmente popular de un tiempo a esta parte es "Hanzo, el Camino del Asesino", de Kazuo Koike (guión) y Goseki Kojima (dibujo). La historia se desarrolla en este caso en el periodo Sengoku (1467 a 1615), en el cual el país estaba dividido en pequeños territorios gobernados por señores feudales. Hattori Hanzô Masanari, un suppa (nombre por el que se conocía a los ninja) de los Iga que sirven al clan Matsudaira es enviado a servir en la sombra a su señor, Matsudaira Jirô Saburô Motonobu que está retenido por el clan Imagawa. Tras un comienzo poco afortunado Hanzô se convierte en el ninja de Motonobu que más tarde seria conocido como Tokugawa Ieyasu (el Toranaga de Clavell en "Shogún"), uno de los personajes históricos más importantes de la época y uno de los artífices de la reunificación de Japón.

Cuando se conocen Motonobu tiene 16 años mientras que Hanzô tiene 15 años, de este modo el manga explica la historia del crecimiento personal de estos dos hombres y la amistad que va creciendo entre ambos a pesar de ser señor y sirviente. Este manga utiliza personajes y hechos históricos para dar forma a una historia llena de intrigas políticas y luchas por el poder y la supervivencia, en la que no faltan escenas explícitas de sexo y violencia al servicio de una historia absorvente.


Estampas niponas

* El significado de la palabra honor (págs. 202-3).

* Lecciones de baile (pág. 300).

* Un costoso peaje (págs. 956 y ss.).


Filosofía oriental

* "No olvides nunca que los japoneses tienen seis caras y tres corazones. Según un dicho popular, el hombre tiene un corazón falso en la boca para que todos lo vean, otro en el pecho para mostrarlo a sus amigos y a sus familiares y el otro, el verdadero, el secreto, que nadie lo conoce, salvo él, y que está oculto Dios sabe dónde." (Pág. 179).

* "Ya tenemos bastantes dioses propios en esta Tierra de los Dioses para no tener la arrogancia de adorar a uno sólo." (Pág. 209).

* "No tiene el tiempo una sola medida, sino que puede ser como la escarcha o como el relámpago, como una lágrima, un asedio, una tormenta o una puesta de sol, o incluso como una roca." (Pág. 338).


Otras obras del autor

James Clavell es uno de esos escritores de vida intensa e interesante biografía cuyas novelas se inspiran en gran medida en sus propias experiencias. Sin duda bien conocido como autor de la novela que hoy nos ocupa, lo cierto es que sus incursiones en el mundo artístico van más allá de lo puramente literario, pues Clavell fue también destacado guionista e incluso director de sus propias historias, en las que tampoco faltan frecuentes alusiones a los que pueden considerarse sus dos grandes temas, sino ya obsesiones: la guerra y Japón y su cultura.

Nacido en Sydney (Australia), aunque algunas fuentes dicen que nació en el Reino Unido y fue llevado a Australia a temprana edad, fue bautizado como Charles Edmund DuMaresq de Clavelle y era hijo de un oficial de la Marina Real, por lo que fue educado en diferentes lugares del mundo.

En 1940, a la edad de 16 años, se unió a la Artillería Real Británica y fue enviado a Malasia para pelear contra los japoneses, donde fue herido por una ametralladora, capturado y enviado a un campo de prisioneros japonés en la Isla de Java, para más tarde ser transferido a la prisión de Changi, cerca de Singapur.

Como la mayoría de prisioneros de guerra, sufrió los malos tratos de sus captores japoneses, aunque la mayoría de los guardias eran coreanos. Sus experiencias en estos campos fueron la base de su primera novela, "El Rey de las Ratas", una dura historia ambientada en un campo de prisioneros de guerra japonés en 1945, publicada en 1962 y que fue llevada a la gran pantalla en 1965 con George Segal como protagonista. Sin embargo, y por contra, todas estas malas experiencias no interfirieron para que escribiera sobre la cultura japonesa en su novela "Shogún", en la que, como ya hemos dicho, profundiza en muchas de las costumbres propias de su más gloriosa época, la feudal.

En 1946 Clavell logró el rango de Capitán, pero un accidente en motocicleta terminó con su carrera militar, por lo que ingresó en la Universidad de Birmingham y allí conoció a April Stride, una actriz, con la que se casó en 1951. Por ella fue que se introdujo en la industria del cine y desarrolló su interés por la direccón. Se mudó con su familia a Nueva York en 1953, donde trabajó en televisión y después en Hollywood.

Eventualmente se fue ganando fama como guionista en películas como "La Mosca" y "Watusi". Fue co-escritor del clásico "La Gran Evasión", con lo que ganó gran reputación en Hollywood. Para 1959 producía y dirigía sus películas, entre las que podemos destacar, acaso por más conocidas, "Rebelión en las Aulas" con Sidney Poitier, o "El Último Valle", ambientada durante la 'Guerra de los Treinta Años' e influenciada por "Los Siete Samuráis" de Akira Kurosawa, con Michael Caine y Omar Sharif como protagonistas.

Claro que lo suyo aquí es hablar de su faceta como escritor, ¿no? Autor de una decena de libros, incluyendo una traducción del famoso "El Arte de la Guerra" de Sun Tzu, se segunda y cuarta novelas ("Shogún" fue la tercera) han sido también objeto de adaptación cinematográfica, y están ambientadas igualmente en el Hong Kong histórico: "Tai-Pan" en 1841, justo después del final de la primera 'guerra del Opio', y en la que se repite en cierta forma el esquema de la novela protagonista del día, con un europeo convirtiéndose en todo un jefe supremo de un imperio de opio y barcos, un auténtico tai-pan; y "La Casa Noble" en 1963, una magna obra tanto por sus más de 1.000 páginas como por la cantidad de tramas argumentales que en ella se entremezclan, y en la que no faltan comunistas chinos, nacionalistas taiwaneses y hasta espías soviéticos.

De hecho, la mayor parte de la obra novelística de James Clavell configura la que se conoce como 'The Asian Saga', compuesta por seis títulos y que se caracteriza, precisamente, porque todas las novelas que la integran se centran en las peripecias de europeos en Asia, explorando el impacto tanto en Oriente como en Occidente provocado por el encuentro, cuando no choque, de dos culturas y civilizaciones tan distintas como distintivas. Por cierto que, como nota a destacar, el que es último libro cronológicamente de la saga, "Torbellino", se caracteriza por situar la historia en Irán, y no en Japón como el resto.

¡Ah! Y en cuanto a la propia adaptación para la pequeña pantalla de la novela objeto de nuestro interés en el día de hoy, la miniserie "Shogún", protagonizada por Richard Chamberlain y Toshirō Mifune, decir que ésta fue todo un éxito y tuvo altas audiencias. Fue galardoneada con Peabody Award-1981, tres premios Emmy por diseño de vestuario, producción y diseño de títulos; y en ese mismo año con Golden Globe por las magistrales actuaciones de Richard Chamberlain y de la japonesa Yôko Shimada en el papel de Mariko.


Te gustará si te gusta... La verdad es que por un segundo he estado tentada de decir "El Último Samurai", la película protagonizada por Tom Cruise, pero tal vez eso sería aventurarse demasiado, especialmente teniendo en cuenta que yo aún no la he visto, por más que el encuentro entre Occidente y Oriente y la adaptación del occidental a las formas de vida de los nipones sean elementos en común.

Así pues, y aunque a alguno le pueda parecer extraño, creo que elijo como punto de referencia y paralelismo "Bailando Con Lobos", ya sea la novela de aventuras de Michael Blake (que en realidad es lo suyo) o la adaptación cinematográfica de Kevin Costner, que yo no digo que no sea una buena película pero a mí me resulta un tanto aburrida... igual que me ha sucedido por momentos con este "Shogún" de James Clavell, y acaso por eso mismo la comparación. Aunque, a poco que uno lo piense, ciertamente tan descabellada no es ésta, pues ambas son historias de adaptación y supervivencia, en las que el anglosajón se ve obligado a adaptarse a la forma de vida de los supuestos salvajes, por motivos que en el fondo se parecen más que un poquito, y conviertiendo obligación en devoción.

Es posible que uno sienta también cierta afinidad por la novela de Clavell, especialmente en su vertiente más bélica y política, si ha disfrutado del ciclo de novelas de la Roma Antigua de Colleen McCullough: siete títulos que constituyen una de las mejores reconstrucciones históricas de todos los tiempos, y no sólo de la época romana sino de la Historia, así con mayúscula, en su conjunto. La perfecta combinación de aventura y erudición, tan didácticas como amenas, si bien por su profusión de detalles, especialmente en lo relacionado con la estrategia militar de la mano de grandes generales como Pompeyo, Sila o César, pueden llegar a resultar un poquito densas en ocasiones, especialmente si uno no se toma un respiro de vez en cuando para evitar la saturación. En todo caso, y como solemos decir por aquí, altamente recomendables, e imprescindibles para amantes del género histórico.

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Proximamente: "Sombras y Luces" de Jonathan Rabb.